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A una Madre

Cuando viniste a este mundo,
Ella te sostuvo en sus brazos.
Tú se lo agradeciste gritando.
Cuando tenías un año,
Ella te alimentaba y te bañaba.
Tú se lo agradeciste llorando la noche entera.
Cuando tenías 2 años,
Ella te enseñó a caminar.
Tú se lo agradeciste huyendo de Ella cuando te llamaba.
Cuando tenías 3 años,
Ella te hacía todas las comidas con amor.
Tú se lo agradeciste tirando el plato al piso.
Cuando tenías 4 años,
Ella te dio unos lápices de colores.
Tú se lo agradeciste pintando todas las paredes del comedor.
Cuando tenías 5 años,
Ella te vestía para las ocasiones especiales.
Tú se lo Agradeciste tirándote por la pila de barro mas cercana.
Cuando tenías 6 años,
Ella te llevaba a la escuela.
Tú se lo agradeciste gritándole: ¡NO VOY A IR!
Cuando tenías 7 años,
Ella te regaló una pelota.
Tú se lo agradeciste arrojándola contra la ventana del vecino.
Cuando tenías 8 años,
Ella te trajo un helado.
Tú se lo agradeciste derramándoselo sobre su falda.
Cuando tenías 9 años,
Ella te pagó unas clases de piano.
Tú se lo agradeciste nunca practicando.
Cuando tenías 10 años,
Ella te llevaba en el auto a todas partes, del Gimnasio al partido de
fútbol, de fiestas de cumpleaños, a otras fiestas.
Tú se lo agradeciste saliendo del coche apresuradamente sin mirar atrás y darle una sonrisa.
Cuando tenías 11 años,
Ella te llevó a ti y a tus amigos a ver una película.
Tú se lo agradeciste diciéndole que se sentara en otra fila.
Cuando tenías 12 años,
Ella te aconsejó que no miraras ciertos programas televisivos.
Tú se lo agradeciste esperando que ella se fuera de la casa para mirar tales programas.
Cuando tenías 13 años,
Ella te sugirió un corte de pelo que estaba de moda.
Tú se lo agradeciste diciéndole que ella no tenía buen gusto.
Cuando tenías 14 años,
Ella te pagó un mes de vacaciones en el campamento de verano.
Tú se lo agradeciste olvidándote de escribirle una breve carta.
Cuando tenías 15 años,
Ella venía de trabajar y quería darte un abrazo.
Tú se lo agradeciste cerrando con llave la puerta de tu habitación.
Cuando tenías 16 años,
Ella te enseñó como manejar su coche.
Tú se lo agradeciste usándoselo todas las veces que podías sin permiso alguno.
Cuando tenías 17 años,
Ella esperaba una llamada telefónica muy importante.
Tú se lo agradeciste hablando por teléfono con tu amigo toda la noche.
Cuando tenías 18 años,
Ella lloró en la fiesta de tu graduación de la escuela.
Tú se lo agradeciste estando de fiestas con tus amigos hasta el amanecer.
Cuando tenías 19 años
Ella te pagó la cuota de la universidad, te llevó en coche hasta el campus
y cargó tus maletas.
Tú se lo agradeciste diciéndole adiós desde afuera del dormitorio, así no
te sentirías avergonzado ante tus amigos.
Cuando tenías 20 años,
Ella te preguntó si estabas saliendo con alguien.
Tú se lo agradeciste diciéndole: "A Ti no te importa eso"
Cuando tenías 21 años,
Ella te sugirió algunas carreras para tu futuro.
Tú se lo agradeciste diciéndole: "No quiero ser como Tú."
Cuando tenías 22 años,
Ella te abrazó en la fiesta de graduación de la Universidad.
Tú se lo agradeciste diciéndole si te podía pagar un viaje a Europa.
Cuando tenías 23 años,
Ella te dio algunos muebles para tu primer departamento.
Tú se lo agradeciste diciéndoles a tus amigos que los muebles eran feos y de muy mal gusto.
Cuando tenías 24 años,
Ella conoció a tu futura esposa y le preguntó sus planes para el futuro.
Tú se lo agradeciste con una mirada feroz y le gritaste "¡Cállate, no te metas con ella!".
Cuando tenías 27 años,
Ella te ayudó a pagar los gastos de tu boda y llorando te dijo que te amaba muchísimo.
Tú se lo agradeciste mudándote por la mitad de el país.
Cuando tenías 30 años,
Ella te dio algunos consejos para cuidar al bebé.
Tú se lo agradeciste diciéndole que las cosas son diferentes ahora que en sus tiempos…. Y que se las podían arreglar solos.
Cuando tenías 40 años,
Ella te llamó para recordarte el cumpleaños de tu Papá.
Tú se lo agradeciste diciéndole que estabas muy ocupado... y que no tenías tiempo ya para esas cosas.
Cuando tenías 50 años,
Ella se enfermó y necesitó que la cuidaras.
Tú se lo agradeciste argumentando que llega un tiempo en que los padres vienen a ser una carga  para los hijos.

De repente, un día,
Ella silenciosamente murió. Y todas las cosas que nunca hiciste vinieron
a tu memoria como un trueno.                                                                       Tomémonos un momento para rendir honor y tributo a la persona que llamamos
Mamá, aunque algunos no la pueden llamar así de ese modo abiertamente.
No hay sustituto para Ella. Alegra cada momento de su vida. Aunque a veces, Ella no parezca la mejor de las amigas, quizás no concuerde con tu forma de pensar, pero aún así… ¡Es tu Madre!
Ella estará allí cuando otros te abandonen… para ayudarte con tus dolores, tus penas, tus frustraciones.
Pregúntate a ti mismo:
¿Has separado tiempo para estar con Ella, para escuchar sus quejas sobre el
trabajo en la cocina, su cansancio?
Sé prudente, generoso y muéstrale el debido respeto, aunque pienses
diferente de Ella.
Una vez que se vaya de este mundo, solamente los recuerdos cariñosos
del ser que llamamos Mamá quedarán….Sólo eso nos quedará.

 

El Portero del Botiquín

No había en el pueblo peor oficio que el de portero del botiquín. Pero ¿qué otra cosa podría hacer aquel hombre? De hecho, nunca había aprendido a leer ni a escribir, no tenía ninguna otra actividad ni oficio.

Un día se hizo cargo del botiquín un joven con inquietudes, creativo y emprendedor. El joven decidió modernizar el negocio. Hizo cambios y después citó al personal para darle nuevas instrucciones.

Al portero, le dijo: A partir de hoy usted, además de estar en la puerta, me va a preparar un reporte semanal donde registrará la cantidad de personas que entran día por día y anotará sus comentarios y recomendaciones sobre el servicio. El hombre tembló, nunca le había faltado disposición al trabajo pero..... Me encantaría satisfacerlo, señor - balbuceó - pero yo... yo no se leer ni escribir. ¡Ah! ¡Cuanto lo siento! Pero señor, usted no me puede despedir, yo trabajé en esto toda mi vida. No lo dejó terminar.

Mire, yo comprendo, pero no puedo hacer nada por usted. Le vamos a dar una indemnización para que tenga hasta que encuentre otra cosa. Así que, lo siento. Que tenga suerte. Y sin mas, se dio vuelta y se fue. El hombre sintió que el mundo se derrumbaba. Nunca había pensado que podría llegar a encontrarse en esa situación. ¿Qué hacer? Recordó que en el botiquín, cuando se rompía una silla o se arruinaba una mesa, él, con un martillo y clavos lograba hacer un arreglo sencillo y provisorio. Pensó que esta podría ser una ocupación transitoria hasta conseguir un empleo. El problema es que solo contaba con unos clavos oxidados y una tenaza mellada.

Usaría parte del dinero para comprar una caja de herramientas completa. Como en el pueblo no había una ferretería, debía viajar dos días en mula para ir al pueblo más cercano a realizar la compra.

¿Qué mas da? Pensó, y emprendió la marcha. A su regreso, traía una hermosa y completa caja de herramientas. De inmediato su vecino llamó a la puerta de su casa.

Vengo a preguntarle si no tiene un martillo para prestarme.

Mire, si, lo acabo de comprar pero lo necesito para trabajar... como me quedé sin empleo...

Bueno, pero yo se lo devolvería mañana bien temprano. Esta bien.

A la mañana siguiente, como había prometido, el vecino tocó la puerta. Mire, yo todavía necesito el martillo. ¿Por qué no me lo vende?

No, yo lo necesito para trabajar y además, la ferretería esta a dos días de mula.

Hagamos un trato -dijo el vecino- Yo le pagaré los dos días de ida y los dos de vuelta, más el precio del martillo, total usted esta sin trabajar. ¿Qué le parece?.

Realmente, esto le daba trabajo por cuatro días... Acepto. Volvió a montar su mula. Al regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su casa. Hola, vecino. ¿Usted le vendió un martillo a nuestro amigo? Si...Yo necesito unas herramientas, estoy dispuesto a pagarle sus cuatros días de viaje, más una pequeña ganancia. Yo no dispongo de tiempo para el viaje.

El ex-portero abrió su caja de herramientas y su vecino eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le pagó y se fue.

"...No dispongo de cuatro días para compras", recordaba. Si esto era cierto, mucha gente podría necesitar que el viajara a traer herramientas. En el siguiente viaje arriesgó un poco más del dinero trayendo más herramientas que las que había vendido.

De paso, podría ahorrar algún tiempo de viajes. La voz empezó a correrce por el barrio y muchos quisieron evitarse el viaje.

Una vez por semana, el ahora corredor de herramientas viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes. Alquiló un galpón para almacenar las herramientas y algunas semanas después, con una vidriera, el galpón se transformó en la primer ferretería del pueblo.

Todos estaban contentos y compraban en su negocio. Ya no viajaba, los fabricantes le enviaban sus pedidos. El era un buen cliente. Con el tiempo, las comunidades cercanas preferían comprar en su ferretería y ganar dos días de marcha. Un día se le ocurrió que su amigo, el tornero, podría fabricar para él las cabezas de los martillos. Y luego, ¿por qué no? Las tenazas... y las pinzas... y los cinceles. Y luego fueron los clavos y los tornillos... Para no hacer muy largo el cuento, sucedió que en diez años aquel hombre se transformó con honestidad y trabajo en un millonario fabricante de herramientas. Un día decidió donar a su pueblo una escuela. Allí se enseñaría, además de leer y escribir, las artes y oficios mas prácticos de la época. En el acto de inauguración de la escuela, el alcalde le entregó las llaves de la ciudad, lo abrazó y le dijo: Es con gran orgullo y gratitud que le pedimos nos conceda el honor de poner su firma en la primer hoja del libro de actas de la nueva escuela.

El honor sería para mí - dijo el hombre -. Creo que nada me gustaría más que firmar allí, pero yo no se leer ni escribir. Yo soy analfabeto. ¿Usted? - dijo el Alcalde, que no alcanzaba a creerlo -¿Usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni escribir? Estoy asombrado. Me pregunto, ¿que hubiera sido de usted si hubiera sabido leer y escribir?

Yo se lo puedo contestar - respondió el hombre con calma -. Si yo hubiera sabido leer y escribir... ¡sería portero del botiquín!.

Generalmente los cambios son vistos como adversidades. Las adversidades muchas veces encierran bendiciones. Aún en las crisis más profundas podemos encontrar nuevas oportunidades.

 

A Mi Padre

De niño tan seguro me sentía de tu mano, que el tan solo perderme por segundos, me hacía sentir como un velero en tormenta.

Más el tiempo fue pasando  y mi cuerpo fue creciendo, terminé siendo un adolescente el cual odiaba el tener que agarrarte de la mano,  por miedo de lo que otras personas pensaran o que me llamaran niño,  más mi intelecto mucho lo sabía,  un gran sabio me creía, que tus consejos menospreciaba  pensando que tu nada sabías.

Pasé la etapa de adolescente a adulto, mis ocupaciones y mi trabajo, de tu lado me despegaron, tiempo alguno no tuve para disfrutar de tu compañía, como aquellos viejos días que entre cuentos y pescados veíamos transcurrir el día.

Ahora soy padre y mucho comprendo lo que tu sentías, el tratar de ser mi amigo eso es lo que tu pedías, en mi ignorancia e inexperiencia pude haber aprovechado  mucho más de tu sabiduría y estoy cien por ciento seguro que en estos aprietos que estoy ahora, no lo estaría,  y a la vida le sonreiría.
 
Gracias por tus enseñanzas, padre,  que trataré de pasárselas a mis hijos algún día.

Sólo deseo que tus consejos y tu compañía, padre, sean como la luz de ese faro,  hasta el fin de mis días...

 

Abandono

Hace mucho tiempo, en un pequeño pueblo de algún lugar de Oriente, vivía un señor con cuatro hijos, el menor de los cuales tenía 30 años. Sus hermanos 35, 37 y 40...

El padre tenía algo más de sesenta, pero como en esa época el promedio de vida rondaba los cuarenta años, era prácticamente un anciano y, por lo tanto, tenía todos los problemas propios de la senectud....

Su cabeza, su cuerpo, sus esfínteres, su capacidad de valerse por sí mismo, nada de esto funcionaba bien en el viejo....

Un día, el hijo más joven se casó y se fue de la casa. Se generó entonces un gran problema: el padre se quedaría solo. La madre había muerto a raíz del último parto y los otros hermanos ya estaban casados. En consecuencia, no había nadie que pudiera hacerse cargo de este viejo, con el agravante de que no eran épocas en las que hubiera geriátricos ni dinero para pagarle a alguien para que se ocupara de su cuidado....

Los hijos empezaron a sentir que, pese al amor que le tenían, el padre era una complicación. No era posible que ninguno de ellos se llevara al padre a vivir a su casa para hacerse cargo de él. Los hijos tenían verdaderamente un serio problema....

Se reúnen para conversar acerca de cuál será el futuro del padre. En un momento dado, se les ocurre que se podían turnar. Pero pronto advierten que esa solución no va a ser suficiente y, además, significa un gran costo para sus vidas. Y entonces, casi sin darse cuenta, empiezan a pensar que lo mejor que les podría pasar sería que el padre se muriera.

Pese al dolor que significaba para ellos ese reconocimiento, pronto advirtieron que no podían esperar sólo que esto sucediera, porque el padre podría vivir muchos años más en aquella situación. Y entonces, misteriosamente, a uno se le ocurrió que, quizás sólo deberían esperar a que el invierno terminara con él. Y así fue como imaginaron que si entraban al bosque con su padre, y el padre se perdía, el frío y los lobos harían el resto...

Lloraron por esto, pero asumieron que tenían que hacer algo por el resto de sus vidas. Y decidieron turnarse para cuidar al padre, pero sólo hasta la llegada del invierno.

Después de la primera nevada, los cuatro hermanos se reunieron y le dijeron al padre:- Ven papá, vístete que vamos a salir. -¿Salir? ¿Con la nieve? -preguntó el padre sin comprender. Pero los hijos respondieron: -¡Sí, vamos!.

El padre sabía que su cabeza no estaba funcionando bien, así que decidió acatar con sumisión lo que sus hijos le decían. Lo vistieron, lo abrigaron mucho y se fueron los cinco rumbo al bosque.

Una vez allí, buscaron un lugar para abandonarlo y desaparecer rápidamente. Cuando llegaron a un claro, de pronto, el padre dijo: - Es aquí. ¿Qué? - preguntaron asombrados los hijos. - Es aquí- repitió el anciano.

Supuestamente el anciano no tenía lucidez suficiente para darse cuenta de lo que estaba ocurriendo. Ellos, además, se habían cuidado muy bien de no decirlo. -¿A qué se referiría el padre?. - Aquí, aquí, éste es el lugar, insistió. - ¿Qué lugar papá, qué lugar?

-Este es el lugar donde, hace veinticinco años, abandoné a mi papá....

 

¡Abrázame!

¡No me ahorques!  ¡abrázame!  Lee Shapiro es un juez jubilado. Realmente es también de las personas más cariñosas que conozco. En un momento de su carrera se dio cuenta que el amor es el poder más grande que existe. Como resultado se convirtió en un abrazador. Comenzó ofreciendo a todos un abrazo. Sus colegas lo apodaron "el juez abrazador" (creemos que en oposición al  "juez ahorcador").  La calcomanía de su auto dice: "¡No me ahorques! ¡abrázame!" Hace más de seis años Lee creó lo que llama su kit abrazador. En la parte de afuera se lee: "Un corazón por un abrazo". El interior contiene treinta corazoncitos rojos bordados, con cinta pegante en la parte posterior. Lee saca su kit de corazones para abrazar, se dirige a todas las personas y les ofrece un corazoncito a cambio de un abrazo. Lee llego a ser bien conocido por esto, y a menudo se le invita a conferencias y convenciones en las que comparte sus mensajes de amor incondicional. Los diarios locales lo criticaron en San Francisco. -Es fácil dar abrazos en la conferencia, a personas que seleccionaron para estar aquí. Pero no dará resultado en el mundo real -le dijeron.

Desafiaron a Lee para que saliera a dar abrazos en las calles de San Francisco. Salió entonces a la calle seguido por un equipo de televisión de la estación local de noticias y se aproximó a una mujer que pasaba por allí. -Hola,  soy Lee Shapiro, el juez abrazador. Estoy cambiando estos corazoncitos por un abrazo-le dijo. -Seguro-, Replicó ella. -Demasiado fácil -dijo el comentarista local.  Lee miró alrededor. Vio una controladora de parquímetros que tenía dificultades con el propietario de un BMW, al que estaba multando. Se dirigió hacia ella seguido por las cámaras.  -Me parece que le hace falta un abrazo. Yo soy el juez abrazador, y le ofrezco uno -le dijo. Ella aceptó. El comentarista de la televisión lanzó un desafió final: -Mira, ahí viene un bus. Los conductores de buses en San Francisco son las personas mas rudas, toscas y malas de la ciudad.

Veamos si consigues que éste te dé un abrazo. Lee aceptó el reto. -Hola, soy Lee Shapiro, el juez abrazador -dijo el chofer cuando el autobús llegó a la parada-. Este trabajo suyo tiene fama de ser el más difícil de todo el mundo. Estoy dando abrazos a las personas hoy día, para aliviarles un poco la carga... quiere uno?  El conductor del bus, de 1.85 metros y 105 kilos, se levantó de su asiento, bajó a la calle y le dijo: ¿Por qué no? Lee le dio un gran abrazo, le entregó un corazón y se despidió con la mano cuando el bus se alejaba. El equipo que filmaba para la televisión estaba sin habla. -Tengo que admitir que estoy muy impresionado dijo finalmente el comentarista.

Un día, Nancy Jonson, amiga de Lee se presentó en la puerta de su casa, utilizando su tradicional disfraz de payaso con maquillaje y todo, y le dijo: - Lee agarra algunos de tus kits del abrazador y vámonos al hogar de los minusválidos. Cuando arribaron al lugar comenzaron a repartir sombreros hechos con globos y brazos a los pacientes. Lee se sentía incómodo, Nunca había abrazado a personas con enfermedades terminales, retardados mentales o cuadripléjicos. Era definitivamente ponerse a prueba. Sin embargo, después de un momento se hizo fácil que un grupo de enfermeras, doctores y camilleros siguieran a Nancy y Lee de sala en sala. Varias horas más tarde entraron a la última sala. Estos fueron los peores treinta y cuatro casos que Lee había visto en toda su vida. La tristeza fue tan grande que se descorazonó. Pero resuelto  a cumplir su compromiso de compartir su corazón y de hacer algo que valga la pena, Nancy y Lee comenzaron su tarea por toda la habitación seguidos del personal médico, quienes tenían ya sus corazoncitos en la solapa, y los sombreros inflados en la cabeza. Finalmente, Lee fue hasta donde estaba Leonard, la última persona. Éste usaba una gran pechera blanca sobre la que babeaba. Lee miró a Leonard babeando sobre su pechera y dijo a Nancy: -Vámonos,  no hay modo de que podamos lograr hacer nada con él. -Vamos Lee, le replicó Nancy, -¿Él es también un ser humano, que no?

Entonces ella colocó un cómico sombrero inflado sobre al cabeza de él.  Lee tomó uno de sus corazoncitos rojos y lo colocó en la pechera de Leonard, respiró profundamente,  se inclinó y le dio un abrazo.

¡Ehhhh, Eehh! Comenzó a chillar Leonard de repente. Algunos de los otros pacientes empezaron a aplaudir y a sonar todo lo que podían. Lee se asustó y volteó al personal médico en busca de una explicación, sólo para descubrir que cada médico, enfermera y camillero estaba llorando. ¿Qué pasa? preguntó a la jefa de enfermeras. Lee no olvidará lo que ella dijo:
-Ésta es la primera vez en 23 años que hemos visto sonreír a Leonard. ¡Qué sencillo es hacer algo que valga la pena en la vida de los otros!

Gracias Juez abrazador por tan inspirador ejemplo. 

 

 Huellas en la Arena

Una noche tuve un sueño... soñé que estaba caminando por la playa con el Señor y, a través del cielo, pasaban escenas de mi vida.

Por cada escena que pasaba, percibí que quedaban dos pares de pisadas en la arena: unas eran las mías y las otras del Señor.

Cuando la última escena pasó delante nuestro, miré hacia atrás, hacia las pisadas en la arena y noté que muchas veces en el camino de mi vida quedaban sólo un par de pisadas en la arena.

Noté también que eso sucedía en los momentos más difíciles de mi vida. Eso realmente me perturbó y pregunté entonces al Señor: "Señor, Tú me dijiste, cuando resolví seguirte, que andarías conmigo, a lo largo del camino, pero durante los peores momentos de mi vida, había en la arena sólo un par de pisadas. No comprendo porque Tú me dejaste en las horas en que yo más te necesitaba". Entonces, El, clavando en mí su mirada infinita me contestó: "Mi querido hijo.

Yo te he amado y jamás te abandonaría en los momentos más difíciles. Cuando viste en la arena sólo un par de pisadas fue justamente allí donde te cargué en mis brazos".

 

 La Confianza

Una vez se estaba incendiando un edificio de 9 pisos en el centro de una ciudad muy importante; las personas del edificio al enterarse que el edificio estaba en llamas rápidamente salieron de sus departamentos, a excepción de un niño de 8 años de edad que dormía en el octavo piso, pues su papá había salido a comprar algo y su mamá estaba de viaje. El fuego crecía cada vez más e iba subiendo piso por piso, los bomberos intentaban apagarlo pero sus esfuerzos eran imposibles, el edificio estaba totalmente en llamas y los bomberos pidieron refuerzos a otras unidades de la ciudad y de ciudades vecinas.

El drama aumentó cuando los bomberos se dieron cuenta que había un niño en el octavo piso, el fuego crecía iba ya por el quinto piso, de repente aparece el padre del niño preocupado por él, viendo este cuadro, los bomberos hacen un último intento, pero las escaleras no podían llegar hasta las paredes del edificio por haber fuego en todas ellas, entonces se escucha el llanto del niño, gritando:

- Papi !!!Tengo miedo!!!

El padre lo escucha y llorando le dice:

- Hijo! No tengas miedo yo estoy aquí abajo, no tengas miedo.

Pero el niño no lo miraba:

- Papi no te veo, sólo veo humo y fuego.

Pero el Padre sabe que está ahí en la ventana porque el fuego lo ilumina.

- Pero yo sí te veo, hijo.

- Hijo sabes que debes hacer, tírate que aquí te agarramos todos los que estamos abajo, ¡¡¡TÍRATE!!!

El hijo le dice:

- Pero yo no te veo.

El padre contesta.

- Sabes cómo debes hacer, cierra los ojos,  y ¡¡¡lánzate!!!

El niño dice:

- ¡¡¡PAPI no te veo, pero allá voy!!!

Y cuando el niño se lanzó, abajo lo rescatan. Entonces el padre lo abraza, llora con el hijo, juntos pero muy contentos.

El hijo comprende que hay veces que al padre no se lo ve pero sus palabras son suficientes para confiar en él.

Así es nuestra vida, muchas veces hay incendios, tenemos problemas parecidos a este niño, y nuestro padre DIOS nos dice: ¡TÍRATE! CONFÍA EN MÍ, y nosotros tenemos que lanzarnos, así, no miremos nada, ni sintamos nada, con FE, con FE tienes que salir ¡adelante! ¡Porque sólo su palabra nos basta!

 

 La Esperanza

Existían millones de estrellas en el cielo. Estrellas de todos los colores: blancas, plateadas, verdes, doradas, rojas y azules.

Un día inquietas, ellas se acercaron a Dios y le dijeron:

-Señor Dios, nos gustaría vivir en la Tierra entre los hombres.

- Así será hecho, respondió el Señor. Las conservaré todas ustedes pequeñitas, como son vistas para que puedan bajar para la Tierra.

Se dice que, en aquella noche, hubo una linda lluvia de estrellas.

Algunas se acurrucaron en las torres de las iglesias, otras fueron a jugar y a correr junto con las luciérnagas por los campos, otras se mezclaron con los juguetes de los niños y la Tierra quedó maravillosamente iluminada.

Pero con el pasar del tiempo, las estrellas resolvieron abandonar a los hombres y volver para el cielo, dejando la Tierra oscura y triste.

- ¿Por qué volvieron? Preguntó Dios, a medida que ellas iban llegando al cielo.

- Señor, no nos fue posible permanecer en la Tierra. Allá existe mucha miseria y violencia, mucha maldad, mucha injusticia.

Y el Señor les dijo:

- ¡Claro! El lugar de ustedes es aquí en el cielo. La Tierra es el lugar de lo transitorio, de aquello que pasa, de aquel que cae, de aquel que yerra, de aquel que muere, nada es perfecto. El cielo es el lugar de la perfección, de lo inmutable, de lo eterno, donde nada perece. Después que llegaron todas las estrellas y verificando su número, Dios habló de nuevo:

- Nos está faltando una estrella. ¿Será que se perdió en el camino?

 Un ángel que estaba cerca replicó:

- No Señor, una estrella resolvió quedarse entre los hombres. Ella descubrió que su lugar es exactamente donde existe la imperfección, donde hay limite, donde las cosas no van bien, donde hay lucha y dolor.

- ¿Qué estrella es esa? Volvió Dios a preguntar.

- Es la Esperanza Señor. La estrella verde. La única estrella de ese color.

Y cuando miraron para la Tierra, la estrella no estaba sola. La Tierra estaba nuevamente iluminada porque había una estrella verde en el corazón de cada persona. Porque el único sentimiento que el hombre tiene y Dios no necesita tener es la Esperanza. Dios ya conoce el futuro y la Esperanza es propia de la persona humana, propia de aquel que yerra, de aquel que no es perfecto, de aquel que no sabe como será el futuro.

Recibe Amigo en este momento esta estrellita en tu corazón, la esperanza, tu estrella verde. No dejes que ella huya y no permitas que se apague.

Ten certeza que ella iluminará tu camino, sé siempre positivo y agradece a Dios por todo. Sé siempre feliz y contagia con tu corazón iluminado a otras personas.

 

Una Persona sin Comparación

He aquí un hombre que nació en una aldea insignificante. Creció en una villa oscura. Trabajó hasta los 30 años en una carpintería. Durante tres años fue predicador ambulante. Nunca escribió un libro. Nunca tuvo un puesto de importancia. No formó una familia. No fue a la universidad. Nunca puso sus pies en lo que consideraríamos una gran ciudad. Nunca viajó a más de trescientos kilómetros de su ciudad natal. No hizo ninguna de las cosas que generalmente acompañan a los grandes. No tuvo más credenciales que su propia persona. La opinión popular se puso en contra suya. Sus amigos huyeron. Uno de ellos lo traicionó. Fue entregado a sus enemigos. Tuvo que soportar la farsa de un proceso judicial. Lo asesinaron clavándolo en una cruz, entre dos ladrones. Mientras agonizaba, los encargados de su ejecución se disputaron la única cosa que fue de su propiedad: una túnica. Lo sepultaron en una tumba prestada por la compasión de un amigo. Según las normas sociales, su vida fue un fracaso total. Han pasado casi veinte siglos y hoy Él es la pieza central en el ajedrez de la historia humana. No es exagerado decir que todos los ejércitos que han marchado, todas las armadas que se han construido, todos los parlamentos que han sesionado y todos los reyes y autoridades que han gobernado, puestos juntos, no han afectado tan poderosamente la existencia del ser humano sobre la tierra como la vida sencilla de Jesús.

 

Cuando Sea Viejo

El día que esté viejo y ya no sea el mismo, ten paciencia y compréndeme. Cuando derrame comida sobre mi camisa y olvide como atarme mis zapatos, recuerda las horas que pasé enseñándote a hacer las  mismas cosas.

Si cuando conversas conmigo, repito y repito las mismas palabras que sabes de sobra como terminan, no me interrumpas y escúchame. Cuando eras pequeño para que te durmieras tuve que contarte miles de veces el mismo cuento hasta que cerrabas los ojitos.

Cuando estemos reunidos y sin querer haga mis necesidades, no te avergüences y compréndeme que no tengo la culpa de ello, pues ya no puedo controlarlas.   Piensa cuantas veces cuando niño te ayude y estuve paciente a tu lado esperando a que terminaras lo que estabas haciendo. No me reproches porque no quiera bañarme; no me regañes por ello.  Recuerda los momentos que te perseguí y los mil pretextos que te inventaba para hacerte más agradable tu aseo. Acéptame y perdóname.  Ya que soy el niño ahora.

Cuando me veas inútil e ignorante frente a todas las cosas tecnológicas que ya no podré entender, te suplico que me des todo el tiempo que sea necesario para no lastimarme con tu sonrisa burlona.  Acuérdate que yo fui quien te enseño tantas cosas.  Comer, vestirte y tu educación para enfrentar la vida tan bien como  lo haces, son producto de mi esfuerzo y perseverancia por ti.

Cuando en algún tiempo mientras conversamos me llegue a olvidar de qué  estamos hablando, dame todo el tiempo que sea necesario hasta que yo  recuerde, y si no puedo hacerlo no te burles de mí; tal vez no era importante lo que hablaba y me conforme con que me escuches en ese momento.

Cuando me fallen mis piernas por estar cansadas para andar, dame tu mano tierna para apoyarme como lo hice yo cuando comenzaste a caminar con tus débiles piernas.

Por último, cuando algún día me oigas decir que ya no quiero vivir y  solo quiero morir, no te enfades.  Algún día entenderás que esto no  tiene que ver con tu cariño o cuanto te ame.  Trata de comprender que ya no vivo sino que sobrevivo, y eso no es vivir.   Siempre quise lo mejor para ti y he preparado los caminos que has debido recorrer.  Piensa entonces que con el paso que me adelanto a dar estaré construyendo para ti otra ruta en otro tiempo, pero siempre contigo.  

No te sientas triste o impotente por verme como me ves.  Dame tu corazón, compréndeme y apóyame como lo hice cuando empezaste a vivir.  De la misma manera como te he acompañado en tu sendero te ruego me acompañes a terminar el mío.  Dame amor y paciencia, que te devolveré gratitud y sonrisas con el inmenso amor que tengo por ti. "Ten fe en el infinito Amor de Dios y vive amando" El día que esté viejo y ya no sea el mismo, ten paciencia y compréndeme. 


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Ilustraciones

                     Sección 9

  En esta sección te presentamos las siguientes ilustraciones:

  A una Madre
  El portero del...
 
A mi padre
 
Abandono
 
¡Abrázame!

 
Huellas en la arena
 
La confianza
 
La esperanza
 
Una persona sin...
 
Cuando sea viejo

                     Nota

Estas ilustraciones te  invitarán  a la reflexión, y es posible que algunas te hagan emocionar hasta las lágrimas.

Si tienes alguna ilustración, envíala a través de nuestro correo electrónico. Prometemos publicarla y darte el crédito correspondiente. 

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