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RECUERDA DECIR GRACIAS


Una alma recién llegada al cielo  se encontró con San Pedro. El santo
lleva al alma a un recorrido por el cielo. Ambos caminaron paso a paso por unos
grandes talleres llenos con ángeles. San Pedro se detuvo frente a la
primera sección y dijo: "Esta es la sección de recibo. Aquí, todas las
peticiones hechas a Dios mediante la oración son recibidas".

El ángel mira a la sección y estaba terriblemente ocupada con muchos
ángeles clasificando peticiones escritas en voluminosas hojas de papel de
personas de todo el mundo. Ellos siguieron caminando hasta que llegaron a
la siguiente sección y San Pedro le dijo:

"Esta es la sección de empaque y entrega. Aquí, las gracias y bendiciones
Que la gente pide, son empacadas y enviadas a las personas que las
solicitaron".

El alma vio cuan ocupada estaba. Había  tantos ángeles trabajando en ella
como tantas bendiciones estaban siendo empacadas y enviadas a la tierra.

Finalmente, en la esquina más lejana del cuarto, el alma se detuvo en  la
última sección. Para su sorpresa, solo un ángel permanecía en ella
ocioso haciendo muy poca cosa. "Esta es la sección del agradecimiento"
dijo San Pedro al alma. "¿Cómo es que hay tan poco trabajo aquí?" -preguntó el alma.
"Esto es lo más triste" -contestó San Pedro- Después que las personas reciben
las bendiciones que pidieron, muy pocas envían su agradecimiento."
"¿Cómo se agradecen las bendiciones de Dios?"  "Simple" - contesto San
Pedro, "Solo tienes que decir, gracias Señor"

 

EL VERDADERO AMOR

Cierta casa de una viuda muy rica se incendio. La señora murió en el fuego. Mientras los bomberos trataban de controlar las llamas, se dieron cuenta del que el hijito de la señora, de 5 años de edad, estaba dentro de la casa. No había forma de llegar a él. Las escaleras ya se habían caído. El edificio no tenía ascensor y no sabían como llegar al niño. Un hombre que pasaba por el lugar, vio la escena. Observó un tubo al lado de las llamas que llegaba a la ventana donde se había asomado el niño. Nadie podía tocar el tubo por lo mucho que se había calentado. Pero aquel hombre, valientemente, subió por el tubo (Quemándose las manos) hasta donde estaba el niño, salvándole la vida. Un año y medio más tarde, se ventilaba en la corte quien calificaba para adoptar al niño (Siendo administrador de toda la riqueza). Muchos solicitaron, demostraron lo que creían era necesario para calificar: Trayectoria, Negocios, Solidez, Riquezas, Etc. Pero a ninguno el niño aprobó, y esta era una condición sumamente necesaria. El juez volvió a llamar a quienes habían asistido para que probaran si adoptaban al niño, o si este le aprobaba, entró a la sala un hombre desconocido. Caminó lentamente hacia adelante con las manos dentro de los bolsillos, el juez le preguntó por sus credenciales, a lo que respondió: "Señoría, no tengo riquezas ni negocios que me hagan competir contra todos los que aspiran a adoptar al niño". El juez le dijo: "¿Pues qué hace usted aquí? alguna razón debe mostrar por la que quiera ser adoptador del niño". El señor dijo: "Solo tengo estas muestras de amor abnegado" (Al decir esto mostró sus manos estaban blancas, quemadas, desechas). El niño al verlo reconoció al hombre que le había salvado la vida y con lágrimas en sus ojos le abrazó y el señor fue quien le adoptó. Hermanos: Cristo Jesús pagó por ti un precio incalculable. Entregó su vida para salvar la tuya, y también te lleva esculpido en las palmas de sus manos. El quiere adoptarte como su hijo, no por que quiera tomar tu riqueza sino para cambiar tu desdicha y enfermedad por su alegría, riqueza y vida eterna. ¿Aceptarás su adopción?

 

EL SILENCIO DE DIOS

Cuenta una antigua Leyenda Noruega, acerca de un hombre llamado Haakon quien cuidaba una Ermita. A ella acudía la gente a orar con mucha devoción. En esta ermita había una cruz muy antigua. Muchos acudían ahí para pedirle a Cristo algún milagro. Un día el ermitaño Haakon quiso pedirle un favor. Lo impulsaba un sentimiento generoso. Se arrodilló ante la cruz y dijo: -"Señor, quiero padecer por ti. Déjame ocupar tu puesto. Quiero reemplazarte en la cruz." Y se quedó fijo con la mirada puesta en la Efigie, como esperando la respuesta. El Señor abrió sus labios y habló... Sus palabras cayeron de lo alto, susurrantes y amonestadoras: -"Siervo mío, accedo a tu deseo, pero ha de ser con una condición." -¿Cuál, Señor?, preguntó con acento suplicante Haakon.

-¿Es una condición difícil? ¡Estoy dispuesto a cumplirla con tu ayuda, Señor!, respondió él viejo ermitaño.
- Escucha: suceda lo que suceda y veas lo que veas, has de guardarte en silencio siempre.
- Haakon contestó: "Os, lo prometo, Señor!" Y se efectuó el cambio. Nadie advirtió el trueque. Nadie reconoció al ermitaño, colgado con los clavos en la Cruz. El Señor ocupaba el puesto de Haakon. Y Este por largo tiempo cumplió el compromiso. A nadie dijo nada. Pero un día, llegó un rico, después de haber orado, dejó allí olvidada su cartera. Haakon lo vio y calló. Tampoco dijo nada cuando un pobre, que vino dos horas después, se apropió de la cartera del rico. Ni tampoco dijo nada cuando un muchacho se postró ante él poco después para pedirle su gracia antes de emprender un largo viaje. Pero en ese momento volvió a entrar el rico en busca de la bolsa. Al no hallarla, pensó que el muchacho se la había apropiado. El rico se volvió al joven y le dijo iracundo: -¡Dame la bolsa que me has robado!. El joven sorprendido, replicó: -¡No he robado ninguna bolsa!. -¡No mientas, devuélvemela enseguida!. -Le repito que no he cogido ninguna bolsa! , Afirmó el muchacho. El rico arremetió, furioso contra él. Sonó entonces una voz fuerte: -¡Deténte! El rico miró hacia arriba y vio que la imagen le hablaba. Haakon, que no pudo permanecer en silencio, grito, defendió al joven, increpó al rico por la falsa acusación. Este quedó anonadado, y salió de la Ermita. El joven salió también porque tenía prisa para emprender su viaje. Cuándo la Ermita quedó a solas, Cristo Se dirigió a su siervo y le dijo: -Baja de la Cruz. No sirves para ocupar mi puesto. No has sabido guardar silencio". " Señor, - dijo Haakon -, ¿Cómo iba a permitir esa injusticia?". Se cambiaron los oficios. Jesús ocupó la Cruz de nuevo y el ermitaño se quedó ante la Cruz. El Señor, siguió hablando: -"Tú no sabías que al rico le convenía perder la bolsa, pues llevaba en ella el precio de la virginidad de una joven mujer. El pobre, por el contrario, tenía necesidad de ese dinero e hizo bien en llevárselo; en cuanto al muchacho que iba a ser golpeado, sus heridas le hubiesen impedido realizar el viaje que para él resultaría fatal. Ahora, hace unos minutos acaba de zozobrar el barco y él ha perdido la vida. Tú no sabías nada. Yo sí sé. Por eso callo. Y el señor nuevamente guardó silencio".

Reflexión…

Muchas veces nos preguntamos ¿por qué razón Dios no nos contesta... ¿Por qué razón se queda callado Dios? Muchos de nosotros quisiéramos que él nos respondiera lo que deseamos oír... pero, Dios no es así. Dios nos responde aun con el silencio... Debemos aprender a escucharlo. Su Divino Silencio, son palabras destinadas a convencernos de que, él sabe lo que esta haciendo. En su silencio nos dice con amor: “Confiad y esperad en Mí.”

 

EL ELEFANTE Y LA ESTACA

"Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. Me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de peso, tamaño y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.
Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir. El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces atado a la estaca?, ¿Por qué no huye?
Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante.
Alguno de ellos me explicaba que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: Si está amaestrado... Por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.
Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca... y solo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta. Hace algunos años descubrí que por suerte alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: "El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy pequeño".
Cerré los ojos y me imagine al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él.
Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que seguía... Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso no escapa porque ¡¡Cree que no puede!!
Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que se siente poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás... Jamás... intento poner a prueba su fuerza otra vez.

Reflexión

Cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad. Vivimos creyendo que un montón de cosas "no podemos" hacerlas simplemente porque alguna vez probamos y no pudimos o que nos dijeron que no podíamos. Grabamos en nuestro recuerdo: No puedo... No puedo y nunca podré. Crecimos portando ese mensaje que nos impusimos a nosotros mismos y nunca más lo volvimos a intentar. La única manera de saber, es intentar de nuevo poniendo en el intento todo tu corazón.

CUANDO LA FRUTA NO ALCANCE

Una vez un grupo de tres hombres se perdieron en la montaña, y había solamente una fruta para alimentarlos a los tres, quienes casi desfallecían de hambre. Se les apareció entonces Dios y les dijo que probaría su sabiduría y que dependiendo de lo que mostraran les salvaría. Les preguntó entonces Dios qué podían pedirle para arreglar aquel problema y que todos se alimentaran. El primero dijo: "Pues aparece más comida", Dios contestó que era una respuesta sin sabiduría, pues no se debe pedir a Dios que aparezca mágicamente la solución a los problemas sino trabajar con lo que se tiene. Dijo el segundo entonces: "Entonces haz que la fruta crezca para que sea suficiente", a lo que Dios contestó que No, pues la solución no es pedir siempre multiplicación de lo que se tiene para arreglar el problema, pues el ser humano nunca queda satisfecho y por ende nunca sería suficiente. El tercero dijo entonces: "Mi buen Dios, aunque tenemos hambre y somos orgullosos, haznos pequeños a nosotros para que la fruta nos alcance". Dios dijo: "Has contestado bien, pues cuando el hombre se hace humilde y se empequeñece delante de mis ojos, verá mi favor y misericordia".

Reflexión

Saben, se nos enseña siempre a que otros arreglen los problemas o a buscar la salida fácil, siempre pidiendo a Dios que arregle todo sin nosotros cambiar o sacrificar nada. Por eso muchas veces parece que Dios no nos escucha pues pedimos sin dejar nada de lado y queriendo siempre salir ganando. Muchas veces somos egoístas y siempre queremos de todo para nosotros. Seremos felices el día que aprendamos que la forma de pedir a Dios es reconocernos débiles, y ser humildes dejando de lado nuestro orgullo. Y veremos que al empequeñecernos y ser mansos de corazón veremos el bien de Dios y la forma como El Sí escucha.

 

EL MEJOR REGALO

A un amigo mío llamado David, su hermano le dio un automóvil como regalo de Navidad. En nochebuena, cuando David salió de su oficina, un niño de la calle estaba caminando alrededor del brillante coche nuevo admirándolo. -¿Este es su coche señor?- preguntó. David afirmó con la cabeza. - Mi hermano me lo dio en Navidad. El niño estaba asombrado. - ¿Quiere decir que su hermano se lo regaló y a usted no le costó nada?, Vaya me gustaría... titubeó el niño. Desde luego, David sabía lo que el niño iba a decir, que le gustaría tener un hermano así, pero lo que el muchacho realmente dijo estremeció a David de pies a cabeza. Me gustaría - prosiguió el niño poder ser un hermano así. David miró al niño con asombro, e impulsivamente añadió: -¿Te gustaría dar una vuelta en mi auto? - Oh, si, eso me encantaría. Después de un corto paseo, el niño volteó y con los ojos chispeantes dijo: - Señor... ¿No le importaría que pasáramos frente a mi casa?. David sonrió. Creía saber lo que el muchacho quería. Quería enseñar a sus vecinos que podía llegar a su casa en un gran automóvil, pero de nuevo, David estaba equivocado. - ¿Se puede detener donde están esos dos escalones? - pidió el niño. Subió corriendo y en poco rato David oyó que regresaba, pero no venia rápido. Llevaba consigo a su hermanito lisiado. Lo sentó en el primer escalón, entonces le señaló hacia el coche. - ¿Lo ves?, Allí está Juan, tal como te lo dije. Su hermano se lo regaló de Navidad y a él no le costó ni un centavo, y algún día yo te voy a regalar uno igualito... entonces podrás ver por ti mismo todas las cosas bonitas de los escaparates de Navidad, de las que he estado tratando de contarte. David, bajó del coche y subió al muchacho enfermo al asiento delantero. El hermano mayor, con los ojos radiantes, se subió atrás de él y los tres comenzaron un paseo navideño memorable. Esa Nochebuena, David comprendió lo que Jesús quería decir con: "Hay más dicha en dar… que en recibir" ¡Qué tengas un excelente día! Da vida a otra vida... Da esperanza... Transmite los valores fundamentales.

Reflexión

Somos lo que pensamos. Somos lo que decidimos ser. Decide ser una mujer o un hombre de valores. Nuestro entorno lo necesita desesperadamente. Sé un portador de los valores, viviéndolos.

 

AMAR ES DARSE TODO

El hombre que estaba tras el mostrador, miraba la calle distraídamente. Una niñita se aproximó al negocio y apretó la naricita contra el vidrio de la vitrina. Los ojos de color del cielo brillaban cuando vio un determinado objeto. Entró en el negocio y pidió ver un collar de turquesa azul. "Es para mi hermana. ¿Puede hacer un paquete bien bonito?". - dijo ella. El dueño del negocio miró desconcertado a la niñita y le preguntó: -¿Cuánto dinero tienes? Sin dudar, ella sacó del bolsillo de su ropa un pañuelo todo atadito y fue deshaciendo los nudos. Los colocó sobre el mostrador y dijo feliz: -"¡Esto es todo lo que tengo!"-. Eran apenas algunas monedas que ella exhibía orgullosa. -"Sabe, quiero dar este regalo a mi hermana mayor. Desde que murió nuestra madre, ella cuida de nosotros y no tiene tiempo para ella. Es su cumpleaños y tengo el convencimiento de que quedará feliz con el collar que es del color de sus ojos" El hombre fue para la trastienda, colocó el collar en un estuche, envolvió con un vistoso papel rojo e hizo un trabajado lazo con una cinta verde. -"Tome, dijo a la niña. Llévelo con cuidado". Ella salió feliz corriendo y saltando calle abajo. Aún no acababa el día, cuando una linda joven de cabellos rubios y maravillosos ojos azules entró en el negocio. Colocó sobre el mostrador el ya conocido envoltorio deshecho e indagó: -"¿Este collar fue comprado aquí? "¿Cuánto costó? "Ah!", Habló el dueño del negocio. -"El precio de cualquier producto de mi tienda es siempre un asunto confidencial entre el vendedor y el cliente".
La joven exclamó: -"Pero mi hermana tenía solamente algunas monedas. El collar es verdadero, ¿no? Ella no tendría dinero para pagarlo". El hombre tomó el estuche, rehizo el envoltorio con extremo cariño, colocó la cinta y lo devolvió a la joven y le dijo:  -"Ella pagó el precio más alto que cualquier persona puede pagar: ¡Ella dio todo lo que tenía!". El silencio llenó la pequeña tienda y dos lágrimas rodaron por la faz emocionada de la joven en cuanto sus manos tomaban el pequeño envoltorio y lo llevaba a la altura de su corazón.

Reflexión

El verdadero amor no escatima nada, es darse por entero, sin restricciones. La gratitud de quien ama no coloca límites para los gestos de ternura. Sea siempre agradecido pero no esperes el reconocimiento de nadie. Gratitud con amor no sólo reanima a quien recibe, como reconforta a quien ofrece.

 

EL ÁNGEL DE LOS NIÑOS

Cuenta una antigua leyenda que un niño estaba por nacer, tuvo esta conversación con Dios:
- Me dicen que me vas a enviar mañana a la tierra, pero ¿Cómo viviré tan pequeño e indefenso como soy?
- Entre muchos ángeles escogí uno para ti. El te está esperando y te cuidará.
- Pero S
eñor, aquí en el cielo soy tan feliz, no hago más que cantar y sonreír.
- Tu ángel te cantará y sonreirá todos los días y tú sentirás su amor y serás feliz.
- ¿Y cómo entenderé lo que la gente me hable, si no conozco el idioma de los hombres?
- Tu ángel te dirá las palabras más dulces y más tiernas que puedas escuchar y con mucha paciencia y cariño te enseñará a hablar.
- ¿Y qué haré cuando quiera hablar contigo?
- Tu ángel te juntará las manitas y te enseñará a orar.
- He oído que en la tierra hay hombres malos ¿Quién me defenderá?
- Tu ángel te defenderá aún a costa de su propia vida.
- Pero estaré siempre triste porque no te veré más Señor.
- Tu ángel te hablará de Mí y te enseñará el camino para que regreses a Mí, aunque Yo siempre estaré a tu lado.

En ese instante, una gran paz reinaba en el cielo, pero ya se oían voces terrestres, el niño presuroso repetía suavemente:

- ¡Dios mío, si ya me voy, dime su nombre! ¿Cómo se llama mi ángel?
- Su nombre no importa... Tú le dirás MAMÁ.


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Ilustraciones

                     Sección 29

  En esta sección te presentamos las siguientes ilustraciones:

  Recuerda decir gracias
 
El verdadero amor
 
El silencio de Dios
 
El elefante y la estaca
 
Cuando la fruta no alcance
 
El mejor regalo
 
Amar es darse todo
 
El ángel de los niños

                     Nota

Estas ilustraciones te  invitarán  a la reflexión, y es posible que algunas te hagan emocionar hasta las lágrimas.

Si tienes alguna ilustración, envíala a través de nuestro correo electrónico. Prometemos publicarla y darte el crédito correspondiente. 

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