Págs. 1  2  3  4  5  6  7  8  9  10  11  12  13  14  15  16  17  18  19  20  21  22  23  24  25  26  27 28 29 30 31 32 33

Reloj

Un relojito que acababa de ser terminado por el relojero, fue puesto en una repisa en la bodega, junto a dos relojes mayores que estaban muy ocupados marcando los segundos con su tictac.

Bien: dijo uno de los relojes al recién llegado, De modo que te has iniciado en este trabajo?
Lo siento por ti. Ahora estás dando tu tictac con mucho entusiasmo, pero ya te cansarás cuando hayas marcado treinta y tres millones de tic tacs.

-¡Treinta y tres millones de tic tacs! dijo asustado el relojito-.
¡Yo jamás podré hacer eso! E inmediatamente se detuvo desesperado.

-No seas necio- le dijo el otro reloj en ese momento-.
¿Por qué prestas oídos a tales palabras?
La cosa no es así. Lo único que tienes que hacer, es dar un tictac en este momento.

Eso es fácil, ¿verdad?
En seguida das otro, lo que es tan fácil como el anterior, y así sucesivamente.

¿¡Ah! Si eso es todo -gritó el relojito-, se hace fácilmente.
Así, que ¡aquí voy!

Y comenzó con nuevo entusiasmo a hacer un tictac a la vez sin pensar en los meses, ni en los millones. Al final de un año, había hecho 33.000,000 de vibraciones sin darse cuenta de ello.

¡Ojalá los cristianos quisieran vivir solamente el momento que les corresponde y no el año completo!

En el Padre Nuestro se pide por el día.
"Basta al día su afán", dice el Señor.
Y la promesa que no se ha agotado en cuatro mil años dice:
"Como tus días será tu fortaleza."
¿Por qué te afanas hoy por el mañana?
Tu corazón hoy llenas de pesar?
Conoce tus pruebas, Tus cargas Él lleva; Si Dios tiene cuidado de las aves, De ti sin duda ha de cuidar.

 

Representación de navidad

Era Navidad y en el pueblo iban a hacer la representación del nacimiento de Jesús. Todos estaban muy entusiasmados, querían que la obra fuera un éxito.

Los niños la iban a representar, pero entre ellos había un niño con problemas; quién sabe por qué causa, era más lento en aprender que los demás. El quería estar en la obra, y a la maestra le dio ternura verlo con tanta emoción que le dio un papel pequeño: el del posadero que rechazaba a la Virgen y a José porque la posada estaba llena. 

El día de la obra, el teatro estaba a reventar; hasta había gente de pie. Y cuando llegaron a la parte en la que llegan José y María a la posada, donde este niño con problemas tenía que hablar, pasó algo inesperado.

José toco la puerta y salió el posadero, y cuando ya los iba a rechazar, al ver a la joven pareja y sobre todo a la mujer, embarazada de quien iba a ser nuestro salvador, al niño se le llenaron los ojos de lágrimas y les dijo: 
"Pasen, pasen, la señora puede dormir en mi cama, que yo dormiré en el suelo." 

Hubo un silencio intenso en la sala y a muchas personas les salieron lágrimas. La obra fue un éxito, a pesar de que no fue fiel representación de lo que realmente pasó en esa noche de Navidad, pero sentimos que algo había cambiado en nuestras vidas, pues ese niño nos enseñó una lección de amor; en su inocencia nos enseñó que debemos amar y ayudar a otros, no importa quienes sean, porque somos hijos de Dios y estamos aquí para hacer el bien, sin pedir nada a cambio.

 

Regalos que nada cuestan


1.  El regalo de escuchar.
Pero realmente escuchar, sin interrumpir, bostezar, o criticar. Sólo escuchar.

2.  El regalo del cariño.
Ser generoso con besos, abrazos, una palabra amable, un apretón de manos. Con estas pequeñas acciones demuestras el cariño por tu familia y amigos.

3.  El regalo de la sonrisa.
Llena tu vida de imágenes con sonrisas, dibujos, caricaturas, y tu regalo dirá "me gusta reír contigo".

4.  El regalo de una nota escrita.
Puede ser un simple "gracias por ayudarme". Un detallito así puede ser recordado toda una vida, y aún, tal vez, inclusive cambiarla.

5.  El regalo del reconocimiento.
Un simple, pero sincero "te ves preciosa con ese vestido", "has hecho un gran trabajo", "fue una cena estupenda", "muchas gracias", "eres un cielo", "qué suerte tenerte cerca"...  pueden convertir en especial un día ordinario.

6.  El regalo del favor.
Todo los días procura hacer un favor.

7.  El regalo de la soledad.
Hay momentos en que preferimos estar solos. En esas ocasiones especiales ofrécete ese regalo a ti mismo, o pídele a otros que te lo obsequien.

 

Yo temía...

Temía estar solo... hasta que aprendí a disfrutar de mi propia compañía. Temía fracasar... y me di cuenta que es la mejor oportunidad para aprender. Temía a lo que opinaran los demás.... y reconocí que lo importante es mi opinión acerca de mí mismo. Temía la ingratitud... y encontré que el dar era mi regalo. Temía que me rechazaran ...y reconocí que la mayoría de los rechazos están en mi propia exageración.Temía el dolor ....hasta que aprendí que yo podía retenerlo o soltarlo. Temía a la verdad ...y descubrí en ella la oportunidad de liberarme. Temía a la muerte ...hasta que aprendí a vivir con plenitud cada instante. Temía al resentimiento ...hasta que me di cuenta que es a mí a quien hace daño. Temía el ridículo ...hasta que aprendí a reírme de mí mismo. Temía envejecer ....hasta que encontré que cada estación tiene su encanto. Temía al pasado ...hasta que reconocí que todo fue perfecto. Temía al cambio ...hasta que encontré que en él estaban mis tesoros del futuro.

El bordado y las hilachas

Cuando yo era pequeño, mi mamá solía coser mucho. Yo me sentaba cerca de ella y le preguntaba qué estaba haciendo. Ella me respondía que estaba bordando. Yo observaba el trabajo de mi mamá desde una posición más baja que donde estaba sentada ella, así que siempre me quejaba diciéndole que desde mi  punto de vista lo que estaba haciendo me parecía muy confuso. Ella me sonreía, miraba hacia abajo y gentilmente me decía: "Hijo, ve  afuera a jugar un rato y cuando haya terminado mi bordado te pondré sobre mi  regazo y te dejaré verlo desde mi posición". Me preguntaba porqué ella usaba algunos hilos de colores oscuros y por qué  me  parecían tan desordenados desde donde yo estaba. Unos minutos más tarde  escuchaba la voz de mi mamá diciéndome: "Hijo, ven y siéntate en mi  regazo." Yo lo hacía de inmediato y me sorprendía y emocionaba al ver la hermosa  flor o el bello atardecer en el bordado. No podía creerlo; desde abajo se veía  tan confuso. Entonces mi mamá me decía: "Hijo mío, desde abajo se veía confuso y  desordenado, pero no te dabas cuenta de que había un plan arriba. Había un  diseño, sólo lo estaba siguiendo. Ahora míralo desde mi posición y sabrás  lo  que estaba haciendo."Muchas veces a lo largo de los años he mirado al Cielo y he dicho: "Padre,  ¿qué estás haciendo?" El responde: "Estoy bordando tu vida." Entonces yo le replico: "Pero se ve tan confuso, es un desorden. Los hilos parecen tan oscuros, "¿porqué no son más brillantes?" El Padre parecía decirme: "Mi niño, un día te traeré al cielo y te pondré sobre mi regazo y verás el plan  desde  mi posición. 

….Entonces entenderás.

Cualquiera...

Cualquiera reclama un derecho, pero pocos se atienen a sus deberes.
A cualquiera le brota una idea, pero pocos saben realizarla.
Cualquiera puede criticar, pero pocos enmendar.
Cualquiera puede señalar el mal, pero pocos trabajar el bien.
Cualquiera se compromete, pero pocos cumplen.
Cualquiera sentencia como un juez, pero pocos indultan como un cristiano.
Cualquiera sabe lo que debería hacerse, pero pocos lo hacen en el momento de actuar.
Cualquiera se pone un disfraz en sociedad, pero pocos se lo quitan ante Dios y se miran tal cual son.
Cualquiera arrebata al otro la corona del triunfo, pero pocos resisten pagar el precio que por ella se les exige.
Cualquiera quisiera mejorar el mundo, pero pocos se ponen al servicio de esa causa.... Animo tú no eres cualquier persona.Tú eres una persona muy especial.

Desiderata

(Max Ehrman, 1872-1945)

(Desiderata= palabra latina que significa "cosas que se desean")

Ve plácidamente entre el ruido y la prisa, recuerda que la paz puede estar en el silencio. Sin renunciar a ti mismo, esfuérzate por ser amigo de todos. Di tu verdad, quietamente, claramente. Escucha a los otros aunque sean torpes e ignorantes; cada uno de ellos tiene también una vida que contar.
Evita a los ruidosos y agresivos, porque ellos denigran el espíritu. Si te comparas con los otros puedes convertirte en un hombre vano y amargado; siempre habrá cerca de ti alguien mejor o peor que tú. Alégrate tanto de tus realizaciones como de tus proyectos.
Ama tu trabajo aunque sea humilde; es el tesoro de tu vida. Sé prudente en tus negocios, porque en el mundo abundan las gentes sin escrúpulos. Pero que esta convicción no te impida reconocer la virtud; hay muchas personas que luchan por hermosos ideales y dondequiera, la vida está llena de heroísmo.
Sé tu mismo. Sobre todo no pretendas disimular tus inclinaciones. No seas cínico en el amor, porque cuando aparece la aridez y el desencanto en el rostro, se convierte en algo tan perenne como la hierba.
Acepta con serenidad el consejo de los años y renuncia sin reservas a los dones de la juventud. Fortalece tu espíritu, para que no te destruyan inesperadas desgracias. Pero no te crees falsos infortunios; muchas veces, el miedo es producto de la fatiga y la soledad. Sin olvidar una justa disciplina, sé benigno contigo mismo.
No eres más que una criatura en el Universo, no menos que los árboles y las estrellas; tienes derecho a estar aquí. Y, si no tienes ninguna duda, el Mundo se desplegará ante ti.
Vive en paz con Dios, no importa como lo imagines; sin olvidar tus trabajos y aspiraciones, mantente en paz con tu alma, pese a la ruidosa confusión de la vida.
Pese a tus falsedades, penosas luchas y sueños arruinados, la Tierra sigue siendo hermosa. Sé cuidadoso. Lucha por ser feliz.

"Desiderata" fue escrito en 1927 por Max Ehrmann (1872-1945), abogado y filósofo de Harvard y publicado en 1948, después de su muerte, por su viuda, en el libro "Los poemas de Max Ehrman". 
En 1956, el reverendo Kates, pastor de la iglesia de San Pablo en Baltimore (Maryland), incluyó el texto en una colección de poemas de su congregación.
Alguien cambió la fecha del poema unos 200 años al decir erróneamente que el poema se encontró en una inscripción fechada en 1692 grabada en una tumba de la antigua Iglesia de San Pablo de Baltimore. El año 1692 es el año en que se fundó la iglesia y no tiene nada que ver con la fecha de creación del poema.

Los hijos aprenden lo que viven

Si un niño vive con las críticas, aprende a condenar.
Si un niño vive con la hostilidad, aprende a pelear.
Si un niño vive con el ridículo, aprende a ser tímido.
Si un niño vive con la vergüenza, aprende a ser culpable.
Si un niño vive con la tolerancia, aprende a ser paciente.
Si un niño vive con el aplauso, aprende a confiar.
Si un niño vive con el elogio, aprende a apreciar.
Si un niño vive con la seguridad, aprende a tener fe.
Si un niño vive con la aprobación, aprende a gustarse.
Si un niño vive con la aceptación y la amistad,
aprende a encontrar amor en el mundo.

El Fruto del Espíritu

Por causa del Calvario tengo la libertad de decidir, así que decido.... Elijo el amor. Ninguna ocasión justifica el odio; ninguna injusticia justifica la amargura... Elijo el amor.

Hoy amaré a Dios y todo lo que Dios ama... Elijo el gozo.
Invitaré a mi Dios para que sea el Dios de las circunstancias. Rehusaré la tentación de ser cínico... la herramienta del pensador perezoso. Rehusaré considerar a las personas como menos que seres humanos, creados por Dios. Rehusaré ver en los problemas algo menos que una oportunidad de ver a Dios... Elijo la paz.

Viviré habiendo sido perdonado. Perdonaré para que pueda vivir... Elijo la paciencia.

En lugar de quejarme porque la espera es demasiado larga, agradeceré a Dios por un momento para orar. En lugar de cerrar mi puño por una nueva tarea asignada, la encararé con gozo y valor... Elijo la amabilidad.
Seré amable con los pobres pues están solos. Amable con los ricos pues tienen temor. Y amable con los malvados pues de tal manera me ha amado Dios... Elijo la bondad.

Prefiero estar sin un dólar que aceptar uno de manera deshonesta. Prefiero ser ignorado antes que jactarme. Prefiero confesar antes que acusar. Elijo la bondad... Elijo la fidelidad.

Hoy guardaré mis promesas. Mis acreedores no se lamentarán de su confianza. Mis asociados no cuestionarán mi palabra. Mi esposa no pondrá en duda mi amor. Y mis hijos nunca tendrán temor de que su padre no regrese a casa... Elijo la humildad.

Nada se gana por la fuerza.... Elijo ser manso.

Si levanto mi voz que sólo sea en alabanza. Si cierro mi puño que sólo sea en oración. Si hago exigencias que sólo sean a mí mismo... Elijo el dominio propio.

Soy un ser espiritual. Luego de que haya muerto, mi espíritu remontará vuelo. Me niego a permitir que lo que se va a podrir gobierne lo eterno... Elijo el dominio propio.

Sólo me emborracharé de gozo. Sólo me apasionará mi fe. Sólo Dios ejercerá influencia sobre mí. Sólo Cristo me enseñará.... Elijo el dominio propio.

Amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad, dominio propio. A estos encomiendo mi día. Si tengo éxito, daré gracias. Si fallo, buscaré su gracia. Y luego, cuando este día haya acabado, pondré mi cabeza sobre mi almohada y descansaré.
Tomado de Cuando Dios susurra tu nombre, de Max Lucado, Editorial Betania.

El poder de la amistad

Un viernes por la tarde, me dirigía a casa tras salir de clase. Un chico nuevo, alumno de primer curso de secundaria, iba media cuadra delante de mí. Se llamaba Kyle. Llevaba una pila de libros y tenía pinta de ser el típico alumno estudioso, capaz de pasarse el fin de semana estudiando. Yo ya tenía planeado lo que iba a hacer: iría a fiestas y jugaría un partido con mis amigos.
Momentos después, otros chicos corrieron hacia Kyle, le arrebataron los libros y le pusieron la zancadilla. Kyle cayó al suelo, sus gafas salieron volando y cayeron en la hierba a corta distancia. Mientras se levantaba, miró hacia mí. Aun a media cuadra de distancia, vi que estaba enojado, frustrado y humillado.
Me compadecí de él y corrí hacia donde estaba. Cuando llegué, andaba a gatas buscando sus anteojos. Intentó disimular las lágrimas que le nublaban los ojos, e hice como si no las hubiera notado. Le entregué los anteojos, y le dije: «¡Qué estúpidos! ¡No tienen nada mejor que hacer!»
Kyle me miró y respondió: «¡Gracias!» En los labios se le dibujó una amplia sonrisa que evidenciaba gratitud.
Le ayudé a recoger los libros y le pregunté dónde vivía. Era cerca de mi casa. Le pregunté cómo era que no lo había visto antes, y me explicó que hasta entonces siempre había asistido a un colegio privado. Antes, yo nunca habría trabado amistad con un chico que asistiera a un colegio privado. Conversamos todo el camino a casa y le llevé algunos de sus libros. Resultó ser de lo más buena onda.
Le pregunté si quería jugar un rato al fútbol con mis amigos. Aceptó. Aquel fin de semana lo pasamos juntos. Mientras más conocía a Kyle, mejor me caía. Mis amigos compartían mi opinión.
El lunes por la mañana vi de nuevo a Kyle, iba camino al colegio con su inmensa pila de libros. Lo detuve y le dije bromeando: «¡Te van a salir unos buenos músculos de cargar tantos libros cada día!» Riéndose, me pasó la mitad de los textos.
En el transcurso de los siguientes cuatro años, Kyle y yo nos hicimos muy buenos amigos. Cuando estábamos en el último año de secundaria y empezamos a pensar en estudiar una carrera, optamos por distintas universidades. Sin embargo, sabíamos que siempre seríamos amigos. La gran distancia que mediaba entre nosotros jamás supuso un problema. Kyle estudiaría medicina y yo administración de empresas, gracias a una beca.
Kyle fue el estudiante con el mejor desempeño académico en su clase, y el que pronunció el discurso de clausura de curso. Yo lo llamaba ratón de biblioteca. Me alegré de no tener que ser yo el que tendría que ponerse en pie ante todos para hablar.
El día de fin de curso vi a Kyle. Estaba espléndido. Puede decirse que es uno de esos chicos que se encuentran a sí mismos durante los años de la enseñanza media. Ya no estaba tan flaco, y la verdad es que le quedaban bien los anteojos. Tenía más amigos que yo y las chicas lo adoraban. A veces me ponía celoso. Aquel día sin ir más lejos lo estaba.
Me di cuenta de que Kyle estaba nervioso antes de pronunciar el discurso. Le di una palmada en la espalda, y le dije: «¡Ánimo! ¡Te saldrá muy bien!»
Me miró con una sonrisa llena de gratitud, y respondió: «Gracias».
Llegó el momento, subió al estrado y se aclaró la garganta.
«La clausura de curso -dijo- es una oportunidad de dar gracias a los que nos ayudaron a salir adelante en los años difíciles: de dar gracias a los padres, a los profesores, a los hermanos, tal vez a un entrenador... pero más que nada a los amigos. No les quepa duda de que la verdadera amistad es el mejor regalo que se pueda recibir. Voy a relatar algo que me sucedió en una ocasión...»
No podía dar crédito a lo que oía. Kyle se puso a contar lo que ocurrió el día en que nos conocimos. Confesó que ese fin de semana tenía pensado suicidarse. Kyle me miró a los ojos, y me sonrió. Luego, prosiguió: «Gracias a Dios, me salvé. Mi amigo impidió que cometiera una barbaridad.»
Los presentes se sobrecogieron cuando aquel joven apuesto y querido les habló de su momento de mayor debilidad. Sus padres me miraron con la misma sonrisa de gratitud. Hasta ese momento no me había dado cuenta de la gran trascendencia de lo que hice.
Jamás debemos subestimar el poder de nuestras acciones. Un pequeño gesto puede transformar para bien o para mal la vida de otro.


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Ilustraciones

                     Sección 2

  En esta sección te presentamos las siguientes ilustraciones:

  Reloj
 
Representación de navidad
 
Regalos que nada cuestan
 
Yo temía...
 
El bordado y las hilachas
  Cualquiera...
  Desiderata
  Los hijos aprenden...
  El fruto del Espíritu
  Poder de la amistad

                     Nota

Estas ilustraciones te  invitarán  a la reflexión, y es posible que algunas te hagan emocionar hasta las lágrimas.

Si tienes alguna ilustración, envíala a través de nuestro correo electrónico. Prometemos publicarla y darte el crédito correspondiente. 

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