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Diccionario Teológico

Herejía. Es una falsa enseñanza concerniente a la fe, una posición doctrinal que se aparta de la verdad revelada en la Biblia. El término proviene de una palabra griega que significa "elegir": El hereje "elige" qué partes de la Biblia va a creer y cuáles va a rechazar. Se nos advierte en contra de la herejía en Hech. 20:29-32 y Fil. 3:2, entre otros textos. Existen históricamente numerosas herejías; algunas de las más importantes son la de negar la divinidad de Jesucristo y la naturaleza personal del Espíritu Santo (por ejemplo, los Testigos de Jehová, los cristadelfos, el Camino Internacional); la de afirmar que los hombres pueden llegar a ser dioses y que existe más de un Dios (mormonismo), que Jesús perdió su divinidad en el infierno y terminó allí su obra de expiación (Movimiento de Fe), y que la salvación exige buenas obras (todas las sectas).

Hijo de Dios. Es un título de Jesús. Implica su divinidad (Juan 5:18) porque el título lo pone en pie de igualdad con Dios. En el A.T. se aplicaba figurativamente a Israel (Exo. 4:22). En el N.T. se aplica plenamente a Jesucristo (Luc. 1:35). Tiene muchas facetas; por ejemplo, muestra que Jesús debe ser honrado como se honra al Padre (Juan 5:22-23), debe ser adorado (Mat. 2:2,11;14:33;28;9; Juan 9:35-38; Heb. 1:6); llamado "Dios" (Juan 20:28; Heb. 1:8) y se le debe orar (Hech. 7:55-60; 1 Cor. 1:1-2).

Hombre. El hombre es una creación de Dios, hecha a Su imagen y semejanza; por lo tanto, el hombre refleja algo del carácter de Su creador. El primer hombre, Adán, y la primera mujer, Eva, fueron hechos a la imagen de Dios (Gén. 1:26-27), y puestos en el Jardín del Edén con el propósito de que gozasen de comunión con Dios y que cumpliesen el plan de Dios para la creación. "Los bendijo Dios y les dijo: "Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sometedla; ejerced potestad sobre los peces del mar, las aves de los cielos, y todas las bestias que se mueven sobre la tierra"." (Gén 1:28). Cuando Adán y Eva pecaron, toda la humanidad cayó con ellos (Rom. 5:12-21). Adán representaba federativamente a toda la humanidad: "...en Adán todos mueren..." (1 Cor. 15:22). Como resultado de la desobediencia de Adán, vino la condenación para todos los hombres (Rom. 5:18). Por tanto, somos por naturaleza "hijos de ira", es decir, estamos expuestos al justo juicio de Dios (Efe. 2:3). Naturalmente no buscamos a Dios (Rom. 3:11) ni podemos comprender las cosas espirituales de Dios (1 Cor. 2:14). Ya que esta es la condición del hombre en su estado natural, es imposible que alcancemos la salvación por nosotros mismos (Mat. 19:26). Es por esta causa que necesitamos imprescindiblemente el don gratuito de la salvación (Rom. 6:23) que Dios otorga a los creyentes a través de la fe en la persona de Jesús y Su sacrificio en la cruz.

Humildad. La actitud del cristiano que nos enseña a que cada uno "no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura..." (Rom. 12:3). La humildad nos enseña a preferir a otros antes que a nosotros mismos (Rom. 12:10). Implica conocer nuestra verdadera posición ante Dios. No es rebajarse abyectamente ni negar las propias capacidades. Santiago dice que "Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes" (Sant. 4:6; vea Prov. 3:34; 1 Ped 5:5). La humildad es imprescindible para ser un real discípulo de Jesús (Mat. 18:3-4). El mayor ejemplo de humildad es nuestro Señor Jesucristo (Juan 13:1-5). Por ello El es el supremo modelo de humildad, que debe ser imitado por los creyentes: "Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús: El, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomó la forma de siervo, y se hizo semejante a los hombres. Más aún, hallándose en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz." (Fil. 2:5-8).

Idolo, Idolatría. Un ídolo es una representación de algo en los cielos o en la tierra, hecha con el propósito de rendirle culto. Los ídolos son una cosa abominable para Dios (Exo. 20:4; 2 Rey. 21:11; 2 Cor. 6:16). La idolatría consiste en honrar a las criaturas en lugar de al Creador, postrarse ante los ídolos en adoración, plegaria o veneración. En sentido amplio, según la Biblia la idolatría no requiere una imagen material ni un sistema religioso desarrollado. Puede ser cualquier cosa que toma el lugar que le pertenece sólo a Dios; así, Pablo llama "idolatría" a los malos deseos y a la codicia (Col. 3:5). Es denunciada y prohibida por Dios en los Diez mandamientos, y considerada una forma de adulterio o fornicación espiritual. Los idólatras serán condenados al castigo eterno (Apoc. 21:8; 22:15). Cuando nos convertimos por la fe en Jesucristo, pasamos de adorar ídolos a adorar a Dios (1 Tes. 1:9).

Iglesia. La palabra procede del griego ekklesia, que equivale al hebreo qahal, y significa asamblea, congregación de los que han sido llamados. El término se emplea en dos sentidos, a saber, la iglesia visible y la iglesia invisible. La primera está compuesta por todos cuantos dicen ser cristianos y se congregan. La iglesia invisible es el verdadero cuerpo de creyentes, aquellos que son verdaderamente salvos; ningún hombre puede ver en los corazones para distinguir entre unos y otros, por tanto la composición de la iglesia invisible sólo es conocida por Dios.
La verdadera Iglesia de Dios no es una organización terrenal con gente y edificios, sino una entidad sobrenatural integrada por aquellos que han sido salvados por Jesús. La Iglesia verdadera abarca todo el período de la existencia del hombre sobre la tierra, y a toda la gente que ha sido llamada a ella. Nos hacemos miembros de la iglesia, el cuerpo de Cristo, por la fe (Hechos 2:41). Somos edificados por la Palabra de Dios (Efe. 4:15,16), disciplinados por Dios (Mat. 18:15-17), unificados en Cristo (Gál. 3:28), y santificados por el Espíritu (Efe. 5:26,27).

Imputar, Imputación. Imputar es el acto de atribuirle a alguien la bendición, maldición, deuda o pago de otro. El pecado de Adán, como cabeza de la raza humana, es imputado a todo hombre (Rom. 5:12-21). Por esta razón, todos somos culpables ante Dios. Por otra parte, nuestros pecados le fueron imputados a Jesús en la cruz, cuando El "se hizo pecado" en nuestro favor (2 Cor. 5:21) y cargó con ellos en Su muerte (Isa. 53:4-6). Esta es la base del perdón de nuestros pecados y de nuestra salvación. Cristo es así la cabeza de la nueva humanidad redimida (Rom. 5: 12-21; 2 Cor 5:17-21). Entender el concepto de imputación es fundamental, ya que se encuentra tanto en la base de nuestra condenación en Adán, como de nuestra salvación en Cristo. Nuestros pecados le fueron "cargados" a Jesús. Cuando El murió, en cierto sentido nuestros pecados, y nuestra deuda pendiente con Dios, fueron cancelados, "murieron" con El. La justicia que mostró a través de Su perfecta obediencia al Padre, demostrada en su perfecto cumplimiento de la Ley es ahora imputada, "cargada" en nuestro favor (Rom. 10:4, 9-10). En resumen, nuestros pecados le fueron dados (imputados) a Jesús, y Su justicia nos fue dada (imputada) a nosotros. De ninguna otra forma hubiésemos podido ser salvos (Hech. 4:12).

Infierno. El infierno es el lugar del futuro castigo eterno de los condenados, incluyendo a Satanás y sus ángeles caídos. Hay varias palabras que suelen traducirse "infierno" en la Biblia: Hades, un término griego, es la morada de los muertos que comprende el estado intermedio, entre la muerte y la resurrección (vea Mat. 11:23; 16:18; Hechos
2:27; Apoc. 1:18, 6:8). Corresponde aproximadamente al hebreo Sheol , el lugar de los muertos (no la tumba, que corresponde al hebreo keber y al griego mnema). A esta morada intermedia van tanto justos (Salmo 16:10, 30:3; Isa 38:10) como impíos (Núm. 16:33; Job 24:19; Salmo 9:17). Gehenna, palabra griega que corresponde al hebreo ge-hinnom, "valle de Hinom" (Jos. 15:8). Era un lugar donde antaño se hacían sacrificios de niños y otras cosas abominables. Asimismo, también fue una fosa común donde los cuerpos eran arrojados y quemados (2 Rey. 23:13,14). Posteriormente se empleó para designar el lugar de eterno castigo; Jesús mismo la usó en este sentido (Mat. 5:22, 29, 30; Mar 9:43; Luc. 12:5). Normalmente se traduce "infierno", y en Mat 5:22 el Señor lo llama "infierno de fuego" (gehenna tou pyros). El infierno es un lugar de fuego eterno (Mat. 25:41; Apoc. 19:20). Fue originalmente preparado para el diablo y sus ángeles (Mat 25:41). Será, efectivamente, la morada eterna de los ángeles rebeldes (2 Ped. 2:4), pero también de todo hombre que rehúse arrepentirse y reconciliarse con Dios por medio de Cristo (Apoc. 20:15; 21:8). Esto ocurrirá en el juicio final, donde asimismo la muerte y el Hades serán abolidos (Apoc. 20:14). Algunos cristianos y muchos sectarios (por ejemplo, los Testigos de Jehová) rechazan la noción de un lugar de castigo eterno; hay que recordarles que, según la Biblia, quien más habló del tema de la condenación eterna fue nuestro Señor Jesucristo mismo; si no aceptamos creer lo que nos advierte sobre este asunto, ¿cómo podemos tomar seriamente el resto de su enseñanza?

Inmutabilidad. Es el atributo de permanecer esencialmente igual en naturaleza, que es propio de Dios. El mismo dijo de Sí en Exodo 3:14, "Yo SOY el que SOY", dando a entender Su inmutabilidad y soberanía. El no cambia, ni puede cambiar Su carácter moral, Su amor, Su santidad, Su misericordia, Su justicia, Su omnipotencia, Su omnisciencia, Su omnipresencia ni ningún otro atributo esencial de Su ser (Sant. 1:17). El mismo atributo es compartido por la Trinidad, Padre (Sant. 1:17), Hijo (Heb. 13:8) y Espíritu Santo (Heb. 9:14).
La inmutabilidad no significa que Dios no pueda variar en otros sentidos. La encarnación de Jesús es un ejemplo de cambio (Juan 1:14; Gál. 4:4) . Asimismo, la actitud de Dios con respecto a una persona cambia cuando ésta llega a ser un cristiano, ya que en Cristo es quitada la enemistad entre Dios y el hombre (Rom. 5:10).
Nótese que el mormonismo niega la inmutabilidad de Dios, ya que afirma que Dios no siempre fue lo que ahora es, sino que antes fue un humano de otro planeta que, a través de un proceso evolutivo, llegó a ser Dios (vea, por ejemplo, vea Mormon Doctrine, por Bruce McConkie, p. 321.).

Inspiración. Es la acción por la cual Dios guió a los autores humanos de la Biblia; la doctrina de la inspiración establece que la redacción de las Escrituras se realizó bajo la influencia directa de Dios. Esto no significa negar el estilo propio de cada autor humano y de cada libro de la Biblia. Dios no anuló la personalidad de Sus siervos, sino que más bien la empleó para Su propósito de revelarse a Sí mismo a través de la obra de ellos. En consecuencia, la Biblia está libre de errores y presenta con exactitud y autoridad la enseñanza de Dios (2 Tim 3:16). Como tal, es una revelación que proporciona, de la fuente suprema que es Dios mismo, un conocimiento adecuado de Dios, la creación, el hombre, la salvación y el futuro. Nos muestra el plan de salvación a través de Jesucristo, y el hecho de que no podemos salvarnos sino por El.
El argumento más fuerte a favor de la inspiración divina de la Biblia proviene del examen de las profecías del A.T. concernientes a Jesús y cumplidas en el N.T. (Luc. 24:27-45). Debido a que la Biblia es inspirada, sus palabras son inquebrantables y verdaderas (Juan 10: 34-36), eternas (Mat. 24:35; 1 Ped 1: 22-25), enteramente confiables (Salmo 119:160), vivas y capaces de penetrar el corazón del hombre (Heb. 4:12). Por esta razón, la inspirada Palabra de Dios realizará todo lo que El se ha propuesto (Isa. 55:11).

Ira. Biblicamente, es el juicio divino sobre el pecado y los pecadores. No significa meramente una actitud impulsiva de Dios ante la impiedad, sino que connota el odio, la repulsión, y la indignación de Dios ante el mal. Dios es amor por naturaleza (1 Juan 4:16); no obstante, en Su justicia debe castigar el pecado. La ejecución de este castigo es llamada la ira de Dios. Se manifestará en su temible plenitud en el final Día del Juicio, cuando aquellos que hayan rechazado la salvación serán enviados al lago de fuego para su eterno castigo (Mat. 25:31-46; Apoc. 20:11-15). Además, está presentemente manifestada en menor medida contra los inicuos (Rom. 1:18-32) en el endurecimiento de sus corazones.
La ira se describe como la furia de Dios (Núm. 32:10-13), como siendo acumulada (Rom. 2:5-8), y como muy grande (Zac. 7:12). La liberación del creyente de la ira de Dios es a través de la expiación de Cristo (Rom. 5:8-10). "Dios no nos ha dispuesto para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo" (1 Tes. 5:9).

Jesús Jesús es la persona de mayor influencia en la historia humana. Mucho se ha escrito de El, pero la fuente de información primaria y más confiable es la sagrada Escritura. Según los datos de los Evangelios, nació en Belén de Judea. La fecha probable es entre el año 7 y el 4 a.C., ya que ocurrió antes de la muerte de Herodes el grande. Creció en Nazaret de Galilea. Cuando tenía alrededor de 30 años (Luc 3:1) fue bautizado por Juan el Bautista. Llamó a doce discípulos y durante algo más de tres años predicó la venida del Reino de Dios, realizando muchos milagros que demostraban que El era quien decía ser, el Mesías o Ungido de Dios. Traicionado por uno de sus discípulos, fue acusado falsamente de blasfemia y crucificado durante el tiempo que Poncio Pilatos era procurador de Judea. Resucitó al tercer día, y se presentó a Sus discípulos, instruyéndoles por 40 días sobre el reino de Dios y las Escrituras, y encomendándoles predicar el Evangelio por toda la tierra. Luego de esto, ascendió a los cielos, desde donde ha de volver para juzgar a vivos y a muertos (Mat 28:16-20; Hech 1:1-11).
La Biblia trata de Jesús (Luc. 24:27,44; Juan 5:39; Heb. 10:7). Los profetas profetizaron acerca de El (Hech. 10:43). Juan el Bautista dio testimonio de El (Juan 1:26). El Padre dio testimonio de El (Juan 5:37, 8:18). El Espíritu Santo dio testimonio de El (Juan 15:26). Las obras que Jesús realizó dieron testimonio de El (Juan 5:36, 10:25). Las multitudes dieron testimonio de El (Juan 12:17). Sus discípulos dieron testimonio de El (Hech. 5: 31; Apoc. 1:2).Y, finalmente, Jesús dio testimonio de Sí mismo (Juan 14:6, 18:6).
Jesús es Dios en la carne (Juan 1:1, 14). El es plenamente Dios y plenamente hombre (Col. 2:9); por tanto, tiene dos naturalezas: la de Dios y la de hombre. No es mitad Dios y mitad hombre. Jesús es 100 % Dios y 100 % hombre. Nunca perdió Su divinidad. Existió siempre en forma de Dios y, cuando se hizo hombre, añadió a Sí la naturaleza humana

(Fil. 2:5-11). Por tanto, en Jesucristo se halla la "unión en una persona de una plena naturaleza humana y una plena naturaleza divina".
 Ahora mismo en el cielo hay un hombre, Jes{us, que es el Mediador entre Dios el Padre y nosotros (1 Tim. 2:5). El es nuestro Abogado ante el Padre (1 Juan 2:1). El es nuestro Salvador (Tito 2:13). El es nuestro Señor (Rom. 10:9-10). Jesús no es, como enseñan ciertas sectas, un ángel que se tornó humano (Testigos de Jehová), o el hermano bueno de Satanás (Mormonismo). Es completamente Dios y completamente hombre, el Creador, el Redentor. El es Jesús, el Cristo de Dios.

Juicio. La palabra juicio (griego krima) se refiere al acto de evaluar las acciones de alguien; por extensión se refiere asimismo al castigo o condena resultante de dicho acto. Existen varios juicios mencionados en el N.T.: El juicio de los pecados del creyente (Juan 5:24), el juicio de la persona del creyente (1 Cor. 11:31,32), el juicio de las obras del creyente (2 Cor. 5:10), el juicio de las naciones (Mat. 25:31-46), y el juicio universal (Apoc. 20:11-15). Probablemente estos dos últimos sean un mismo juicio.
No hay juicio para el cristiano con respecto a su salvación (Rom. 8:1). Fuimos juzgados en Cristo, en la cruz, hace casi 2000 años. Sin embargo, como cristianos seremos juzgados según nuestras obras (1 Cor 3: 10-15; 2 Cor. 5:10), muy posiblemente con grados variables de recompensa. Sin embargo, cabe reiterar que este juicio de nuestras obras no afecta el hecho ya consumado de nuestra salvación.

Justificar, Justificación. Ser justificado es ser hecho o considerado justo. Desde el punto de vista teológico, es un acto divino, por el cual Dios declara al pecador inocente de sus pecados; no que lo sea ahora, sino que es "declarado" o considerado como inocente. Esta justificación no es, sin embargo, arbitraria, ya que se basa en el sacrificio de Jesús, en su sangre derramada: "...siendo ahora justificados por Su sangre..." (Rom. 5:9). Cuando Dios ve al cristiano, lo observa a través del sacrificio de Cristo y lo "ve" como si no tuviese pecado. Esta declaración de inocencia no es gratuita, ya que exige la satisfacción completa de la Ley de Dios: "...sin derramamiento de sangre no hay remisión" (Heb. 9:22). Por el sacrificio de Jesús, "por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación que produce vida" (Rom. 5:18). En la justificación la justicia de Dios cae sobre Sí mismo, sobre Jesús, que de este modo ganó a la iglesia "por su propia sangre" (Hech. 20:28). Así podemos recibir misericordia y no ser condenados por nuestros propios pecados. También la gracia de Dios es derramada sobre nosotros: recibimos vida eterna. Esta justificación es un don de la gracia (Rom. 3:24), por fe (Rom. 3:28) debido a que Jesús cargó con nuestras culpas (Isa. 53:12).

Justo, Justicia. La justicia consiste en hacer lo correcto, y en un contexto legal en dar las debidas recompensas o castigos. Es justo, pues, que cada uno reciba lo que merece. Dios es misericordioso, pero también es justo (Deut. 32:4, recto) y debe castigar el pecado. Merced a la gracia de Dios, la justicia cayó sobre Su Hijo, de modo que la misericordia nos beneficiase a nosotros, los que creemos en Cristo; véase Imputación. Vea también Prov. 8:15; Gén. 18:19; Heb. 10:38).

Kenosis. La palabra kenosis corresponde a un término griego que significa "vaciamiento". Es una enseñanza concerniente a la encarnación de Jesús que intenta resolver algunas paradojas que se plantean por la existencia de las naturalezas divina y humana en Jesús. Por ejemplo, "cómo puede un Dios omnisciente tornarse un bebé? O "cómo puede Dios ser tentado a pecar? Según la enseñanza de la kenosis, cuando Dios se encarnó se privó voluntariamente a Sí mismo de algunos de Sus atributos divinos, se "vació" de ellos (de aquí el nombre). En cierto sentido, pretende resolver el problema enseñando que en la encarnación, tenemos a "Dios menos algo", privándose de algunos atributos para poder llegar a ser un hombre; por otra parte, la doctrina ortodoxa de la Unión hipostática enseña que allí tenemos a "Dios más algo", es decir, añadiendo una naturaleza humana sin quitarse nada de la divina. La kenosis , pues, rebaja el hecho de la verdadera encarnación al arrojar dudas sobre la completa presencia de la plenitud de Dios habitando en la persona de Jesús, en medio de los hombres. Compare con Unión hipostática.

Ley. La Ley es el conjunto de instrucciones de Dios concernientes al correcto comportamiento moral, social y religioso de Su pueblo, que se encuentra en los primeros cinco libros de la Biblia (la "Ley de Moisés" o Pentateuco). La Ley es la reflexión misma de la naturaleza de Dios, porque en ella Dios habla de la abundancia de Su corazón. Por tanto, ya que Dios es puro, la Ley lo es; como Dios es santo, la Ley es santa. Consiste en los Diez mandamientos (Exo. 20), reglas para la vida social (por ejemplo, Exo- 21:1-23:33) y para la adoración a Dios (por ejemplo, Exo. 25:1- 31:8). Por medio de la entrega de la Ley, expresión de la voluntad de Dios, se sancionó un Pacto de obras entre Dios y el hombre. A pesar de su perfección, la Ley era ?y es- incapaz de salvar y otorgarnos eterna comunión con Dios por la incapacidad del hombre para cumplirla. La Ley es un amo difícil, pues requiere que mantengamos normas perfectas de conducta moral. Cuando fallamos ?lo cual es inevitable- la Ley produce condenación. Para ser reo de esta condena de muerte basta con que no cumplamos uno solo de sus preceptos: "porque cualquiera que guarde toda la Ley, pero ofenda en un punto, se hace culpable de todos" (Sant. 2:10).
Por esta razón, la Ley no perfeccionó nada (Heb. 7:19). Ha sido sólo un guía para mostrarnos nuestra necesidad de gracia, que hallamos en Jesús y el regalo gratuito de la salvación que recibimos a través de El (Gál. 3:24). Vea también La Ley y el Evangelio.

Misericordia. La misericordia es la disposición a no ejecutar la justicia cuando ésta es punitiva, el acto de condonar un merecido castigo. Debido a nuestra pecaminosidad merecemos la muerte y eterna separación de Dios (Rom. 6:23; Isa. 59:2), pero el mismo Dios proveyó la expiación por nuestro pecado, y de esa manera nos mostró Su misericordia. Es decir que Dios no entrega al cristiano a la consecuencia natural del pecado de éste, la cual es la condenación. Es por la misericordia de Dios que Cristo "se hizo pecado" en nuestro favor (2 Cor. 5:21) y cargó sobre Sí el castigo que merecíamos (Isa. 53:4-5). De este modo, nos salvó de la condenación (Compare with Justicia y Gracia).
Dios nos salvó según Su misericordia (Tito 3:5) y se nos llama a practicar nosotros mismos la misericordia, como un don de Dios (Rom. 12:8). "Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro" (Heb. 4:16).

Monergismo. Palabra que proviene del griego monos, uno y ergon , obra, acción, logro. Teológicamente se refiere a la doctrina de que es Dios solo el que salva. En este sentido se opone al sinergismo (del griego syn, con y ergon) que enseña que Dios y el hombre deben obrar conjuntamente para la salvación. Las sectas son sinergistas; el cristianismo es monergista.

Monofisismo. El monofisismo (del griego monos, uno y physis, naturaleza) es un error concerniente a las dos naturalezas de Jesús (vea Unión hipostática). Según el monofisismo, en Jesús las dos naturalezas están combinadas en una sola; como consecuencia, surge el problema de que en Jesús ni Dios ni el hombre estarían plenamente representados, ya que El sería un ser con una naturaleza mixta, incompleta en cuanto a la divinidad y en cuanto a la humanidad (otros errores concernientes a las naturalezas de Jesucristo, son el Nestorianism y el Eutiquianismo)

Monolatría. Del griego monos, uno, y latreia, adoración; a veces se lo llama henoteísmo.. La creencia de que existe más de un Dios, pero que hay que servir y adorar solamente a uno. Por tanto, la monolatría es una variante del politeísmo, pues básicamente cree en muchos dioses. Como tal, es una falsa enseñanza que la Biblia rechaza de plano; vea Deut 6:4; Isa. 43:10; 44:6-8; 45:5-6.
El mormonismo es un ejemplo excelente de un grupo monolátrico contemporáneo. Enseña la existencia de muchos Dioses en muchos mundos, mientras que adora sólo al Dios de este planeta.

Monoteísmo. Del griego monos, uno y theos, Dios. La creencia de que existió, existe y existirá un único Dios en todo el universo. No hubo dios alguno antes que El, ni lo habrá después de El. La Biblia enseña claramente el monoteísmo: Deut. 6:4; Isa 43:10; 44: 6-8, 45:5,14,18, 21-22; 46:9; 47:8, etc.
 
Muerte. La palabra "muerte" se emplea de dos maneras principales en la Biblia. Primero, se usa para describir la cesación de la vida física. Segundo, se emplea con referencia a los perdidos. En este sentido, significa su separación eterna de Dios como resultado del pecado (Isa 59:2), en un estado consciente de maldición sin esperanza de liberación (1 Tes. 4:13; Apoc. 20:10,14,15).
La muerte no es natural para el ser humano. Cuando Dios creó a Adán y Eva, la muerte no era parte del orden creado. No fue sino hasta que ellos pecaron que la muerte entró en escena (Rom. 5:12; 6:23). La muerte será destruida cuando Cristo regrese y los creyentes reciban sus cuerpos resucitados.

Nacimiento virginal de Jesús. El nacimiento virginal de Jesús, tal como aparece en la Biblia, fue un nacimiento en carne humana, de una madre humana normal quien era una virgen en el más estricto sentido de la palabra. Esto significa que Jesús no sólo no tuvo un padre humano, sino que no tuvo lugar ningún coito, de ningún tipo, natural o sobrenatural. El nacimiento virginal fue un milagro especial hecho por la tercera Persona de la Trinidad, por medio del cual la segunda persona de la Trinidad, el Hijo eterno de Dios, tomó así mismo una naturaleza humana completa y genuína, y nació como un hombre, no renunciando en absoluto a su total naturaleza divina.
El tipo de milagro se hace claro por el hecho de que ninguna rama de la iglesia cristiana, ningún sector o herejía dentro del movimiento histórico cristiano ha considerado alguna vez al Espíritu Santo como el Padre de Jesús. La afirmación de que la frase escritural "Hijo de Dios" nunca alude al nacimiento virginal es discutible. Véase Lucas 1:35. Sin embargo, aun aquí las palabras "Hijo de Dios" no necesitan basarse en el nacimiento virginal. Es razonable parafrasearlas de la siguiente manera: "A causa de la sombra protectora de] Espíritu Santo y el poder de lo alto, el niño cuando nazca será llamado santo. El es el "Hijo [eterno] de Dios." Pero de cualquier modo que uno pueda interpretar éste y otros pasajes, es claro que Jesús es presentado como el Hijo de Dios, primeramente a causa de su relación eternamente pre-existente con el Padre, y no principalmente, si es que no es así, a causa del nacimiento virginal.

Naturaleza Divina. El único uso bíblico de esta frase esta en 2 P. 1.4, "llegásteis a ser participantes de la naturaleza divina (theias koinónoi physeós)"; y en este caso la referencia es a nuestra participación más bien que a la naturaleza divina como tal.
Cuando se aplica a Dios, la frase obviamente habla del ser intrínseco de Dios en toda la plenitud de sus perfecciones. Si se le contrasta con la naturaleza humana, la divina es autoexistente, libre, creativa, eternal, simple, omnipresente, omnisciente, constante, la suma de la sabiduría, justicia y amor.
En el caso de Dios el Hijo, tiene una referencia más específica a la deidad unida con la humanidad en la única persona de Jesucristo. Pero ésta es nada más que una aplicación particular de un solo sentido. En virtud de su divinidad, Jesucristo goza en el sentido más pleno y estricto del ser y los atributos de la naturaleza divina; aunque en su encarnación también asumió la esencia y los atributos de la naturaleza humana. De esta forma tenemos la formulación común-una persona y dos naturalezas, o dos naturalezas en una sola persona.
Es a la luz de la naturaleza divina de Jesucristo que debemos entender nuestra participación en la naturaleza divina. Esto no significa deificación, sino una incorporación en Jesucristo por medio del Espíritu Santo.


Nestorianismo. Es una herejía que lleva el nombre de Nestorio (hereje sirio, muerto en 451; fue patriarca de Constantinopla). Afirma que las dos naturalezas de Cristo, la divina y la humana, estaban tan separadas entre sí que no había contacto alguno entre ellas; en otras palabras, en Jesucristo coexistían dos personas, una divina y otra humana. Una consecuencia de este error es que sería inadecuado adorar a Jesús en tanto hombre. El nestorianismo fue condenado por el Concilio de Efeso, tercero ecuménico (431).


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Juicio
 
Justificación  
 
Justo
 
Kenosis
 
Ley
 
Misericordia
 
Monergismo
 
 Monofisismo
 
 Monolatría
 
 Monoteísmo
 
Muerte
 
Nacimiento Virginal
 
Naturaleza Divina  
 
Nestorianismo

                     Nota

En esta sección te presentamos un diccionario de términos teológicos.

Este diccionario no es exhaustivo en su materia. Solamente hemos recogido de una forma concisa algunos términos propios de la teología.

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