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LLOVIÓ EN EL INFIERNO

Fue hace tanto tiempo que ocurrió, y aun así lo recuerdo bien.

No hace falta decir mi nombre, pues aquí lo único importante es la historia en sí.

Basta decir que fui protagonista de la más grande rebelión como se ha conocido hasta hoy - que ni se dio antes, ni se dará de nuevo: La rebelión en el cielo.

Al entender las limitaciones de la mente humana, trataré de explicar lo más comprensible que pueda. Tal vez este escrito nunca llegue a manos humanas, sin embargo he tenido la osadía de escribirlo, aun a sabiendas que si soy descubierto, la eternidad que he pasado en este tormento vendrá a ser como un minuto comparado con lo que podría pasarme.

Realmente no sé que me impulsa a escribir esto, tal vez el deseo de relatar con dignidad la derrota que tuvimos hace miles de miles de años en aquella guerra que de antemano teníamos perdida.

Antes de continuar con este punto, quisiera añadir al relato la descripción de mi muy antigua morada: El cielo.

Para los humanos es muy fácil hablar del cielo, basándose únicamente en los escritos del Altísimo, hablando cosas que no entienden, ni entenderán dado su mente finita.

En el cielo existen millares de millares de seres, entre ellos ángeles, arcángeles, serafines, querubines, y otros mas que no me es permitido revelar. Cada uno de estos seres tiene una función específica, así como un rango o posición. Así pues, los ángeles se dividen en “mensajeros” y “guerreros”; los primeros conservan el nombre de ángeles, mientras que los guerreros son llamados arcángeles, cuya función es representar en forma simbólica el poderío del reino de los cielos.

Yo fui creado con la función de gobernar sobre ángeles mensajeros. Nosotros lo que hacíamos era llevar la información desde el mismo trono del Altísimo hasta los confines del Paraíso.

Otro grupo son los serafines, los cuales son muy diferentes a los dos grupos anteriores, tanto en apariencia como en sus funciones. Así como los arcángeles representan el poderío del Altísimo, los serafines son sus ministros y representan su santidad. Estos seres no pueden ver al Altísimo a la cara, ni siquiera a sus pies, solo vuelan a su alrededor con sus cuerpos cubiertos por dos pares de alas.

Finalmente, están los querubines, con quienes comenzaron los problemas.

Los querubines son un grupo poderoso de ángeles, y están por encima de todos los demás grupos, ya que su función es aun más importante que la de los serafines, dado que cubren y guardan el trono del Altísimo, representando tanto su santidad como su poderío.

Este grupo apareció con la creación de un querubín “grande y protector” para el trono del Altísimo, al cual se le dio el nombre de Luzbel.

Este ser era hermoso en verdad, muy fuerte y con un atractivo único entre todos los demás seres. Después del Altísimo en sus tres esencias, este ser era tenido en consideración en el cielo, dándosele una “especie” de reconocimiento por los demás ángeles.

Tanto Luzbel como los demás seres descritos anteriormente, fuimos formados con ciertos principios, tales como santidad, alabanza, adoración, existencia y uno muy peculiar que también le fue dado al hombre: El libre albedrío, el cual fue usado por vez primera por el grupo de los querubines, mas específicamente por Luzbel.

Recuerdo todavía cuando fui llamado a la presencia de los “siete ángeles mayores” quienes eran los portadores de los decretos del Altísimo y recibían la información directamente de él. Esta información se nos daba a ciertos gobernadores de ángeles mensajeros, los cuales éramos cuatrocientos, y así pasábamos dicha información a los demás ángeles del Paraíso.

En esa ocasión en que fuimos llamados, Gabriel, el líder de estos siete ángeles nos dijo que algo grande estaba por suceder, por lo cual se requería que se alistara todo tipo de instrumento de alabanza, así como los cantores, y que estuviésemos preparados para esa ocasión tan especial como nunca antes se hubiese preparado en el cielo.

Nadie conocía ese motivo especial, ni aun los guardas del trono, ni Luzbel o Gabriel, solo el Altísimo tri-majestad conocía el asunto.

Después de un tiempo, conocimos que se trataba de la creación del mundo y todo lo que en él se formó.

Fue impresionante, realmente espectacular al oír la voz del Altísimo decir: “Sea la luz. Sea el agua. Sea la tierra. Haya vida en ella. Produzca fruto. Habítese con bestias. Fórmense otros mundos, galaxias, universos..”

Todo fue creado a la perfección por la palabra del Altísimo. Todos estábamos asombrados por tanta majestuosidad con la cual se había creado todo lo descrito.

Fue una celebración indescriptible en el cielo ese día: los cantores se escuchaban por doquier, las alabanzas fueron en aumento tiempo tras tiempo, y en todas partes se escuchaba: ¡gloria, honor, honra, alabanza, adoración, santidad y poder sean al Altísimo por la eternidad!. Miles de millares proclamaban alabanzas. Ni un solo ángel detuvo su voz para alabar al Altísimo por su formidable sabiduría, a excepción de Luzbel, quien solo se dedicaba a observar lo que sucedía.

El día en que Luzbel fue creado, se prepararon flautas y tamboriles para tan gran ocasión. Fue hecho un poco mayor que los demás ángeles, y se le dio cierta jerarquía sobre los demás. Por lo tanto, Luzbel se consideraba capaz de “crear” cosas maravillosas como el Altísimo.

Luego que Luzbel sintiera esta inquietud, optó por tomar cierta actitud.

Comenzó por hablar con los ángeles de mayor jerarquía y con aquellos que tuvieran cierto liderazgo sobre algún grupo específico, tales como de alabanza, de adoración, del ejército celeste, e incluso, habló con varios guardas del trono del Altísimo. 

Trataba de hacernos ver que el poder y cualidades del Altísimo también nosotros podíamos tenerlos, y podríamos hacer cosas semejantes que él, solo era cuestión de manifestar nuestro sentir al Altísimo.

Debo decir que yo estuve presente en la reunión donde se hablaron estas cosas y que también vi cómo varios líderes aprobaron la propuesta, y por supuesto, los ángeles que estos dirigían. De esta forma el libre albedrío se usaba por vez primera en los ángeles, desconociendo las consecuencias que esto traería. 

Luzbel dijo que pronto sucedería lo pactado y que él diría cuándo se llevaría a cabo.

Después de ocurridas estas cosas, sucedió que los siete ángeles mayores salieron del trono del Altísimo, y volaron por todo el paraíso pregonando que de inmediato se presentaran delante de él todos los seres celestes y prestaran atención a su voz, ya que era urgente el asunto en sí.

Los cuatrocientos gobernadores nos quedamos pasmados, pues era la primera ocasión que se hacía esto, ya que siempre se nos daba el mensaje a nosotros y luego lo llevábamos por todo el Paraíso. Al suceder esto, nos hizo pensar qué sería aquello tan apremiante, pero no lo sabríamos sino hasta escuchar al Altísimo.

Poco tiempo después, sin importar que fuésemos una multitud incontable de trillones de trillones de seres alrededor del trono, todos aguardábamos en silencio y en completa reverencia esperando oír la voz del Altísimo, el cual cuando comenzó a hablar nos hizo estremecer con el poder de su voz, pronunciando lo siguiente:

“Desde la eternidad hasta la eternidad vivo yo. No hay Dios fuera de mí. No conozco ninguno.

Mi santidad permanece para siempre. Mi justicia es eterna. Vivo yo que nadie traspasará mi santidad.

La autoridad de mi palabra no pasará.

Y el fuego de mi boca tocará al trasgresor y no existirá más.

Aquél, que fue hecho con el fin de guardar mi trono, quebrantó la santidad que le fue dada queriendo pasar por alto mi autoridad; por tanto, juicio ha sido pronunciado y he determinado destruirle, mas no aun, sino que buscando gloria y alabanza, encontrará castigo, miseria, y humillación para vergüenza suya hasta el día de su destrucción.

También he conocido que no solo él se ha levantado contra mí, sino que ha contaminado y pervertido de poder y orgullo a otros seres más. Mi juicio también sea sobre ellos. He aquí yo abro un abismo hecho de fuego y tinieblas, donde sean atormentados por siempre hasta su día final, en donde serán arrojados a un lago de fuego y azufre para su destrucción total.”

Después de sus palabras no se escuchó nada mas, salvo un gran estruendo que fue ocasionado por la abertura de un gran abismo, en el cual, Luzbel fue lanzado como un rayo al tiempo que una tercera parte de los ángeles del cielo...caíamos también con él.

No puedo explicar porqué me dejé seducir por el “querubín protector”, tal vez me dejé llevar por lo ofrecido, ya que Luzbel nos convenció que haríamos iguales cosas que el Altísimo. Entendimos que no se nos había juzgado por usar el “libre albedrío” en sí, sino por pretender igualarnos al Altísimo en sus tres esencias.

Luego que fuésemos arrojados del Paraíso, hubo mucha confusión.

De pronto hubo una oscuridad inmensa que nos cubría, al tiempo que éramos rodeados por un fuego que quemaba todo nuestro ser.

Mientras que el fuego nos consumía, la belleza de nuestro cuerpo desaparecía, tornándose éste en una forma grotesca.

Nuestros rostros se perdieron en un gesto de vergüenza y temor y, la luz que siempre habíamos reflejado nos abandonó.

Por mi parte, cuando todo empezó a tomar sentido, experimenté un odio indescriptible hacia aquél que nos había ocasionado esa desgracia y por el cual habíamos ido a parar a aquel lugar.

Cuando todos nos dimos cuenta de lo que había pasado y cómo habíamos sido humillados, quisimos buscar a ese “líder” para que respondiera por nuestra condición.

Al encontrarlo, fue una sorpresa para nosotros verlo de esa manera tan humillante. Sus alas quemadas completamente; su cuerpo de luz celeste, totalmente golpeado, molido e irreconocible; su rostro rasgado por completo.

No creíamos lo que veíamos, sin embargo, ahí estaba aquel ángel de luz postrado en el abismo, con su belleza pisoteada.

Cuando creíamos que nuestro castigo se había cumplido, nos dimos cuenta que aquello apenas comenzaba.

De la profundidad del abismo surgieron seres extraños, oscuros, que mordían nuestros cuerpos causándonos gran dolor. Miles de millones de ellos mas que nosotros y eran demasiado crueles, sin que nosotros pudiésemos hacer nada contra ellos.

Desde ese momento hasta hoy, esos seres suben del abismo y nos atormentan por algún tiempo, y luego regresan a su lugar.

Después de lo sucedido, el Altísimo reordenó la creación que había hecho, ya que al ser echados del cielo, la creación física fue dañada por nosotros, de tal forma que la luz tuvo que ser separada de las tinieblas, las aguas de las extensiones celestes y así todo lo demás.

Luego de esto, supimos que el Altísimo no había concluido su creación. De no haber sido por la “rebelión”, todo habría terminado ahí, pero aun faltaban algunas cosas por suceder.

Conocimos lo último de la creación del Altísimo, algo que él mismo refirió como “la corona de la creación”, un ser que reflejara la sabiduría e inteligencia de él mismo.

Dado que los ángeles expulsados habíamos ocasionado trastornos en la creación, el Altísimo determinó crear un “guardián” que cuidase de la misma y viera por ella. Así pues, este guardián velaría desde un punto de vista estratégico, el cual sería el lugar donde estaba ubicado el abismo en el cual fuimos lanzados, y que se encontraba en lo que el Altísimo llamó: La tierra.

Algo totalmente diferente en ese “guardián” al resto de todo lo existente, fue la forma en que el Altísimo lo creó.

Todo lo conocido hasta ese momento fue creado por la palabra del Altísimo; él hablaba y su deseo aparecía, volvía a hablar y se hacía realidad aquello, sin embargo, el guardián al cual el Altísimo llamó hombre, fue hecho de barro por la misma mano del Altísimo y se le dio una forma definida y un espíritu de vida.

Teníamos conocido que el Altísimo había dicho que haría al hombre a su imagen y semejanza, y no lo entendimos hasta el día de su creación.

“Imagen y semejanza”, significaba la santidad, belleza, inteligencia y sabiduría del Altísimo reflejadas en el hombre, y aunado a esto, un espíritu y alma que mantuvieran en plena comunión a la criatura con su creador, cosas que ni los ángeles o algún otro ser poseían. Estas características lo hicieron estar muy por encima de nosotros, y aun de los ángeles que permanecían en el cielo.

Esta peculiaridad en el nuevo ser conocido como hombre, fue lo que avivó la repulsión de Luzbel hacia el Altísimo y particularmente hacia su “guardián”.

Cuando el Altísimo formó al hombre, lo puso en un huerto a mitad de la tierra, huerto que él mismo plantó con el fin de que el hombre gobernase desde ahí. Le dio una compañera y toda la autoridad sobre lo físicamente existente.

También se le dio una serie de instrucciones que debía seguir, y entre ellas uno o dos mandamientos, los cuales serian usados mas delante por Luzbel para sus propósitos.

Tiempo después, Luzbel concibió un plan para destruir y acabar definitivamente con el guardián del Altísimo. Pensaba que al quitarlo de en medio, la creación física quedaría sin protección y él podría adueñarse de ella.

Luzbel pretendía que el hombre cayera en el mismo error que había cometido él en el cielo, esto era, igualarse al Altísimo, así el hombre correría la misma suerte que nosotros.

Sin embargo, ya que Luzbel trataría de levantarse contra el Altísimo y esta vez contra su guardián, era necesario que todos sus seguidores estuviésemos bien organizados para que a cualquier orden que él nos diera, pudiésemos responder de inmediato.

Lo primero que hizo Luzbel fue que declaró al abismo como “el Reino de las tinieblas”, donde él sería el gobernante de todo lo que se encontrara ahí. También adoptó las jerarquías y la organización que existían en el cielo, haciendo con esto una “copia” del cielo en el abismo.

Luzbel designó escuadrones de ángeles caídos para formar su ejército, los cuales antes habían sido ángeles guerreros al servicio del Altísimo.

Así mismo, aquellos cantores que en otro tiempo cantaban alabanzas en el cielo, fueron llamados a exaltar con sus voces al que ahora era considerado el “señor de las tinieblas”. 

Los serafines caídos fueron puestos al servicio de Luzbel, y su función seguía siendo la adoración, pero esta vez volaban alrededor del trono de Luzbel rindiéndole culto y honor.

Como también hubiese querubines caídos, Luzbel buscó al de más poder y confianza para ponerlo como guarda de su trono y extendiera sus alas por encima de él. 

De esta manera parecía ser que Luzbel había conseguido lo que había deseado desde hacía tiempo: hacerse así mismo un “señor” e igualar al Altísimo.

Los ángeles que en otrora habíamos sido mensajeros, continuamos siendo usados con ese fin. Muy frecuentemente se nos llamaba para darnos mensajes que esparcir por el abismo, llevando cada palabra que Luzbel decía.

El grupo de cantores estaba siempre cantando alabanzas alrededor del trono de Luzbel, sin embargo, aquellas voces que en un tiempo se escuchaban espléndidas en el cielo, ahora se habían tornado grotescas y sin atractivo alguno. Más bien eran ruidos, quejidos y alaridos, que sonidos musicales, que inspiraban rebelión, odio y anarquía en todo aquel que los escuchara.

Algo importante que debo mencionar, es que estos ruidos producidos en el abismo se usaron en toda la creación cuando Luzbel doblegó al guardián del Altísimo, haciendo que todo lo existente y principalmente ese guardián participara de la rebelión, odio y anarquía que fomentaban dichos sonidos.

Pues bien, después de haber sido organizado el abismo, Luzbel subió al huerto donde estaba el hombre y lo hizo tomando la forma de una serpiente, haciéndola desde ese momento la más astuta de todos los animales del huerto.

Luzbel se dirigió a la compañera del hombre, dado que esta se le había dado como ayuda idónea según escuchamos al Altísimo, y esto significaba que lo que ella diera o hablara al hombre, provendría del Altísimo, por lo tanto, si Luzbel hacía caer a esta, ella haría caer al hombre...y así fue.

Al hombre se le había dado toda autoridad sobre la tierra, tanto sobre animales como plantas y cualquier cosa que él quisiera hacer. Además de esto, se le dijo que podía comer lo que quisiera, excepto de un fruto en específico, ya que al comerlo causaría su muerte.

Esta condición fue la que luzbel aprovechó para destruir al guardián del Altísimo.

Luzbel entabló una conversación con la compañera del hombre incitándola a probar del fruto prohibido, diciéndole que llegaría a ser como el Altísimo. Viendo esta que el fruto era agradable a la vista lo probó y dio también al hombre, el cual no sabía las consecuencias que aquello traería.

Como Luzbel sabía lo que pasaría a continuación, se retiró del lugar dejando al hombre y a su compañera solos, esperando el juicio del Altísimo.

Luego que el hombre cayó junto con su compañera, de inmediato se formó un juicio para todos los culpables.

El Altísimo destituyó al hombre de sus privilegios y autoridad; a su compañera sentenció con dolor; la tierra que cuidaba el hombre fue maldecida; y finalmente la especie de las serpientes fue maldita y sentenciada a arrastrarse sobre el polvo de por vida, ya que hasta antes de ese momento, se sostenía sobre dos garras, sin embargo, con esto sería humillada hasta el polvo por siempre.

Era indescriptible el júbilo en el abismo por la victoria de Luzbel. Eso fue algo que levantó el ánimo y reivindicó la confianza en nuestro líder.

Luzbel habló diciendo: “Esto es solo el principio, luego haremos caer al cielo mismo”.

Todos esperábamos el juicio para el hombre, pero en vez de esto, nos encontramos que el Altísimo le extendió su misericordia, perdonándolo y estableciendo un pacto con él.

Le enseñó a hacer una especie de ritual con animales y frutos de la tierra, y los llamó “sacrificios y ofrendas”.

Aprendimos que al sacrificar a algún animal y derramar su sangre, el hombre sería de nuevo acepto para el Altísimo y sus transgresiones serían olvidadas. De esta forma, el hombre seguía recibiendo el favor del Altísimo y nunca estaría en la situación nuestra.

Después de visto y aprendido todo lo sucedido, Luzbel volvió a sentirse derrotado, ya que su plan había funcionado hasta ese momento, pero después, fue un fracaso rotundo.

Debo decir que por haber intervenido entre el Altísimo y el hombre, y haber causado su caída, se nos cambió el nombre a una forma diferente de como habíamos sido conocidos en el cielo. Ya no fuimos llamados ángeles, cuyo significado es “servidores del Altísimo”, ahora se nos llamaría demonios, es decir, “seres de la oscuridad”.

Luzbel, quien era “ángel de luz”, fue llamado Satanás, que quiere decir “engañador”. De esta forma el hombre conocería mas de nosotros por estas características y se cuidaría de caer de nuevo.

Con el paso del tiempo, todo nuestro afán fue destruir totalmente al hombre. Aunque si bien era cierto que la autoridad sobre el mundo la habíamos tomado cuando el hombre cayó en el huerto, y teníamos el nuevo poder de la muerte, el hombre todavía era el protegido del Altísimo, y teníamos que encontrar la forma de apartarlo de él y hacer que sirviera a la oscuridad por siempre.

Por cientos de años mantuvimos control sobre el hombre, hasta casi lograr su destrucción total, cuando el Altísimo cambió las leyes del mundo físico haciendo caer agua por muchos días para destruir todo ser viviente. Sin embargo, lo que él hacia era depurar la tierra, permitiendo vivir a un reducido grupo de hombres que realmente vivieran en obediencia a él.

Luego que el planeta fuese poblado de nuevo, Satanás nos llevó a otra batalla.

El hombre había empezado a apartarse del Altísimo de nuevo y nosotros aprovechamos cada oportunidad para su destrucción.

Nos dimos cuenta que el hombre era fácilmente manejable y fácil de torcer sus pensamientos.

Aunque no tuviéramos acceso a su mente, sí podíamos enviar ideas corrompidas y rebeldes que incitaran al mal. Así torcimos el pacto de los sacrificios que el Altísimo le había dado, cambiándolos por “religiosidad”, concepto que fue ideado por el mismo Satanás.

Basado el hombre en su religión, cambiaba al Altísimo por reglas meramente humanas, formas y esculturas de piedra en las cuales estábamos nosotros, y se cambiaron los sacrificios de animales por sacrificios humanos, así era más fácil obtener esas almas.

De esta manera parecía que teníamos la guerra ganada, y pronto intentaríamos tomar el cielo.

El tiempo siguió pasando y el hombre seguía corrompiéndose y alejándose del Altísimo y de sus palabras. 

Ya no le importaba vivir de acuerdo a los mandamientos que se le habían dado, sino por el contrario, vivía conforme a lo que él mismo decidía.

A través de los tiempos, conocíamos que el amor y la atracción del Altísimo por su creación humana eran realmente extraordinarios, a tal grado que cuando el hombre se apartaba de los principios del Altísimo, él lo buscaba y ofrecía el perdón rehaciendo los pactos, y así se evitaba su total destrucción.

El Altísimo buscó hombres de confianza para revelar su voluntad a los demás.

Estos hombres llevaron las palabras del Altísimo por muchas tierras y pueblos, y lograron ejercer influencia sobre dominios que pertenecían totalmente a Satanás.

A través de ellos envió un mensaje, que cuando lo conocimos, nos cimbró totalmente. Este se refería que en algún tiempo no muy lejano, el Altísimo descendería en una de sus tres esencias al mundo físico en forma de hombre.

Una de las tres esencias del Altísimo era el hijo, el cual ocupaba el lugar hacia el lado derecho del trono en el cielo. Nosotros nunca lo vimos cuando morábamos ahí, de hecho nadie podía verle por su formidable luz que resplandecía por todo su ser. Con esta descripción creíamos que descendería a la tierra, pero no fue así.

Cuando Satanás escuchó del mensaje, se esforzó por averiguar en qué tiempo sucedería aquello.

Todos los demonios fuimos dispersos por toda la tierra para tratar de conocer cuándo sería “la invasión del Altísimo”, como Satanás le llamaba.

Aun con nuestros esfuerzos para interceptarlo, no fue sino hasta el día en que apareció en el cielo una multitud de ángeles anunciando su entrada al mundo físico, dando gloria a un ser pequeño e insignificante que había nacido en ciertas tierras.

Cuando Satanás supo lo sucedido, creyó que sería fácil destruirle dado la condición tan vulnerable en la que había aparecido, ignorando que con este nacimiento se marcaba su derrota definitiva en cualquier lucha contra el Altísimo y se aceleraba nuestro juicio final.

Hubo muchos intentos por nuestra parte para procurar la muerte del hijo del Altísimo, pero como siempre, todos eran fracaso tras fracaso.

Al paso del tiempo, el hijo del Altísimo comenzó a manifestarse a los hombres con grandes poderes. Con tan solo hablar, toda enfermedad abandonaba el cuerpo de los hombres; los ciegos volvían a ver; nosotros mismos no resistíamos su presencia y abandonábamos en el acto los cuerpos de los hombres de los cuales nos habíamos apoderado, y ni aun con legiones podíamos detenerlo y caíamos rendidos ante él.

Satanás seguía planeando como evitar que los hombres siguieran al que ellos llamaban Jesús.

Satanás le ofreció riquezas, poder, fama, y todas las cosas que harían caer a cualquiera, ¡pero no resultaba con él!.

Como Satanás sabía que no pasaría nada atacándolo directamente, comenzó a “trabajar” con sus seguidores más cercanos. De esta forma Satanás buscó la manera de evitar que Jesús muriese, ya que si muriese, no solo unos cuantos hombres recibirían el perdón del Altísimo, sino que todo hombre en cualquier parte de la tierra sería perdonado y estaría de nuevo en comunión con el Altísimo.

Satanás usó a un discípulo de Jesús para convencerlo de que no muriera y mejor se salvara, a lo que Jesús respondió: “Apártate de mi Satanás, porque me eres estorbo”.

Estaba claro que Jesús sabía de quién había salido aquella petición, y Satanás tuvo que retirarse de ahí para planear algo más.

Como no conocíamos realmente el significado respecto a la muerte del hijo del Altísimo como un sacrificio, empezamos a estudiar el tema.

Lo que sabíamos era que al hacer un sacrificio para el Altísimo, tenía que ser con derramamiento de sangre para recibir el perdón y la restauración, por eso no queríamos que Jesús muriera, sin embargo, también nos dimos cuenta que el sacrificio tenía que ser voluntario y no como obligación, y hasta aquí todo lo cumplía perfectamente el hijo del Altísimo.

Parecía ser que no podríamos detener la muerte de Jesús y que habríamos fallado en nuestra encomienda, pero aun había algo por hacer. Satanás nos dijo lo que haríamos a continuación, y esto era acelerar la muerte de Jesús, y nos explicó la razón de ese cambio tan radical.

El hijo del Altísimo tenía toda la intención de morir por la humanidad, pero, si la humanidad rechazaba ese sacrificio, no tendría validez, por lo tanto nadie sería perdonado. Fue así como Satanás mismo siguió usando mas discípulos buscando que todos o al menos uno de ellos lo entregara a la muerte.

Finalmente, Satanás logró que un discípulo llamado Judas traicionara a Jesús para luego entregarlo a sus enemigos, quienes por cierto, estaban bajo nuestra influencia.

Cuando logramos torcer la mente y corromper los pensamientos de los hombres de aquel lugar, se consiguió la muerte de Jesús, y así en vez de sacrificio, se llevaba a cabo el asesinato del hijo del Altísimo.

Al ver el logro en sus manos, Satanás estalló en euforia y nosotros con él.

Una gran algarabía tuvo lugar en cada rincón del abismo que por unos momentos olvidamos nuestros dolores y castigos que teníamos ahí.

Teníamos la autoridad sobre el mundo físico, el poder de la muerte, y ahora, habíamos destruido al hijo del Altísimo.

Durante ese tiempo de júbilo, no se escuchaba otra cosa mas que el nombre de Satán en voces de miles de demonios, reconociéndolo como el gran líder.

A una señal de Satanás todos guardamos silencio ansiando escuchar al vencedor.

Satanás habló diciendo: “La espera fue larga, pero hoy les he dado la victoria. He demostrado que mi poder es mayor que aquel que me creó. La creación superó al creador. Hoy destruí al hijo, pronto destruiré al Altísimo y tomaré el cielo y el trono celeste.”

Al término de sus palabras el júbilo continuó como nunca. Todos pronunciábamos su nombre como el grande y temible al cual serviríamos fielmente, y pronto nos llevaría a nuestra antigua morada.

Estábamos en nuestra celebración, cuando de pronto un enorme estruendo tuvo lugar. Un gran estallido seguido por un enorme resplandor que llenó el abismo hizo que nuestros rostros palidecieran, tornándose en diferentes gestos de sorpresa y confusión.

Cuando vimos quién era el causante de aquel estruendo y resplandor, nos dimos cuenta que se trataba de Jesús, ¡el hijo del Altísimo en persona!.

Aquél, que creíamos destruido, estaba en pie, con una espada en su mano; sus vestiduras tan blancas que cegaban; su rostro, resplandeciente; sobre su cabeza una corona que reflejaba una luz formidable; un cinto bajaba por su hombro cruzando su pecho, con un nombre en una escritura desconocida por mí.

Todos temblamos desde el momento en que lo vimos, y nadie pronunció nada.

De pronto, comenzó a hablar diciendo:

“¿Dónde está oh muerte tu aguijón? ¿Dónde la victoria tuya? ¿Acaso pensaste retener la vida misma? Tu tiempo se ha cumplido, y ahora regresarás lo que tomaste. Mi victoria dará vida al hombre y tu ya no te enseñorearás mas de él.”

Hubo un momento de silencio y volvió a hablar diciendo:

“¿Dónde esta aquel ángel rebelde? ¿Ya no habla más? ¿Se ha quedado sin palabras? ¿Dónde su falsa victoria? Desde hoy, la cuenta regresiva para ti ha comenzado. La autoridad que ejercías en el hombre te ha sido quitada. 

Humillado fuiste en tu rebelión, y humillado serás por siempre.”

Luego que hubo hablado, se elevó de la misma forma majestuosa con la cual había llegado y nadie pronunció ni una palabra sino hasta que se hubo marchado.

Esas fueron sus palabras. Ya todo había terminado. La celebración anterior se volvió odio y desesperación entre nosotros, golpeándonos así mismos, esperando nuestro juicio.

No es necesario describir lo que hizo Satanás después de esto, ya que cuando la ira y el odio son usados por un demonio, son indescriptibles sus hechos.

Pues bien, mi historia termina aquí. Esto es lo que ocurrió hace miles de años. Creo que al contarla, sigo cumpliendo mi papel de mensajero, aunque quizás haya sido por última vez.

-fin.

AUTOR: ALFREDO BACA AGUIRRE 

PALABRAS DEL AUTOR

El presente escrito narrativo es un pequeño cuento que trata de una forma amena de cómo pudo haber tenido lugar lo que se llama “rebelión en el cielo”, así como sus consecuencias en el resto de la creación y en la vida del hombre. Por ser un cuento, se manejan situaciones ficticias, no obstante, los personajes y nombres de estos así como la base de la historia, son reales y bíblicos.

El propósito de esta narración es el de llevar una enseñanza bíblica que ha predominado a través del tiempo: Dios nuestro Señor tiene el control absoluto de todo lo existente, así como de la historia del hombre y también sobre las “huestes espirituales de las regiones celestes” tal como lo menciona la Palabra de Dios. Otro propósito es dejar en claro que no importa lo que Satanás pretenda hacer en la vida del hombre, el Señor Jesucristo lo venció en la cruz del calvario y lo ha vencido en todo momento, dando así vida eterna a todo aquel que le busque.

Esperando en Cristo con todo mi corazón, deseo sea de bendición a todo aquel que lo lea y deje estas verdades claras en sus vidas.

Dios les bendiga.

Si desea comunicarse con el hermano Alfredo, hágalo a través de su correo electrónico.

baca7321@yahoo.com.mx

 


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Devocionales

                     Sección 21

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  Llovió en el infierno

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