Págs. 1  2  3  4  5  6  7  8  9  10  11  12  13  14  15  16  17  18  19  20  21 22 23 24 25 26 27 28

¡Sigue alabando al Señor! ¡Así es como se alcanza la victoria!


Hasta los más grandes hombres de fe, como el rey David, a veces se desanimaban. David era un gran salmista, un gran cantor, y por lo general cantaba bellas alabanzas al Señor. Pero en una oportunidad, antes de ser rey, estaba seguro de que Saúl iba a matarlo, por lo que llegó a decir: "¡Al fin seré muerto algún día por la mano de Saúl!" (1Sam.27:1) ¡Gracias a Dios que David jamás escribió ningún salmo diciendo eso! ¿Cómo iba uno a cantar tal cosa? ¿Acaso murió David por la mano de Saúl? ¡En absoluto! De modo que en ese caso fue el Diablo quien habló, tratando de desalentarlo. ¡Si dejas que el Diablo te desanime y le prestas tu boca y te pones a hablar de dudas, de desaliento y de sus mentiras, estarás predicando la doctrina del Diablo! No lo hagas, pues eso es dejar entrar al Enemigo. ¡Asume una postura positiva frente a los ataques del Enemigo y combátelo, combate sus dudas! ¡En cuanto te sientas desalentado empieza a alabar al Señor, lánzate al ataque! ¡Mientras tengas una alabanza en la boca no podrás quejarte ni murmurar!
El Enemigo detesta la alabanza. ¡Detesta las canciones que alaban al Señor y por encima de todo detesta la Palabra de Dios!
¡Así que mantente lleno de ella! ¿Amén?

 

Si quieres de verdad alejar al Diablo y sus dudas, ¡ponte a alabar al Señor, sin importar lo que esté sucediendo!


El Diablo es capaz de decirte muchas verdades horribles acerca de ti, y ni hablar de las mentiras que puede contarte. ¡Una de sus tácticas favoritas, cuando quiere convencerte de que te des por vencido, es asaltarte con una descarga de dudas, pensamientos desalentadores y sentimientos de lástima de ti mismo! Si no mantenemos la mirada en el Señor y la mente en Su Palabra, nada nos librará de la duda, el desánimo y por último el fracaso.
¡Cuando estás desanimado, el Diablo trata de hacer que te enojes ante la verdad, pues teme que ésta lo derrote! ¡Y si te pones a escuchar las mentiras del Diablo, hasta olvidarás las Palabras de Dios! Si te pasas el tiempo prestando oído a sus dudas y murmuraciones, entonando una apesadumbrada cantinela, te olvidarás incluso de las alabanzas de Dios.
Por eso, reprende al Enemigo, en el nombre de Jesús, cuando te tiente con pensamientos negativos. Ponte a alabar al Señor, ¡y muchas veces la alabanza te elevará del hoyo al cual el Diablo trata de arrojarte! Cuando se te acerque sembrando dudas, mentiras y temores, no permanezcas inmóvil; haz algo: ¡canta, alza la voz, alaba al Señor, cita las Escrituras! ¡Pégale con la Palabra! ¡El Diablo no soporta la Palabra!
¡Dará la vuelta y echará a correr!

 

¡La mejor manera de hallar la Voluntad de Dios es poner tu voluntad en Sus manos!


Puede que Dios te dé a escoger, pero sólo Él sabe qué es lo mejor, ¡así que, lo mejor, es preguntarle Su parecer! ¿Cómo se conoce la Voluntad de Dios? ¡El primer requisito es no tener voluntad propia! Según las Escrituras, debes someter tu cuerpo, tu mente y tu voluntad y no conformarte a este mundo. Como dice la Biblia, "transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta" (Rom.12:1,2). Pídele al Señor que te dirija y te guíe, que abra tu corazón y tu mente a Su verdad y te ayude a entenderla y a seguirla en una entrega y sometimiento totales a Dios. ¡Sometiendo totalmente la mente, el cuerpo y la voluntad! ¡Entonces sabrás qué hacer! ¡Y para ello no tendrás que esperar mucho!
Si eres Su hijo, y dejas que Él escoja, ¿qué elegirá para ti? ¡Naturalmente, lo mejor! "Él todo lo sabe y te ama y te cuida, ¡nada puede empañar Su Verdad! ¡A los que le dejan elegir a Él, lo mejor de lo mejor les da!"

 

¡Hay ciertas cosas que Dios no puede hacer!


Porque no quiere, porque se ha impuesto a Sí mismo ciertas limitaciones para no entorpecer nuestra capacidad de decisión. Como a Adán y Eva en el Paraíso, a cada uno se le da una oportunidad de elegir entre hacer el bien o el mal. De hecho, y a fin de cuentas, desde el Huerto del Edén hasta la fecha, ésa ha sido la razón principal por la que estamos aquí: ¡para aprender a tomar decisiones bajo la guía de Dios! ¡Tú tienes que tomar las decisiones, Él no te obligará a hacer Su Voluntad! "¡El que quiera, venga!" (Ap.22:17)
¡Dios nunca fuerza a nadie! Simplemente ofrece a la gente la oportunidad de recibir Sus bendiciones. Si las rechazan, ¡son ellos quienes pierden! "¡Cada hombre debe dar a Dios cuenta de sí!" (Rom.14:12) No podemos escondernos detrás de nadie en lo referente a nuestra soberana capacidad de decisión. ¡Cuando Dios nos pide cuentas, no podemos echar nuestra responsabilidad sobre otras personas! Dios quiere que cada uno tome su propia decisión por fe, según su fe. No por la fe de otra persona, ¡sino la propia! ¡Quiere que aprendamos a confiar en Él por nosotros mismos, y no apoyados siempre en los demás! Cada decisión depende de ti y de nadie más. ¡Nadie puede elegir por ti, ni siquiera Dios!
"¡Conforme a vuestra fe os sea hecho!" (Mat.9:29)

 

El inquilino del túnel

Nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo. (Colosenses 1:13)

Durante 16 años, John Joseph Kovacs fue "el inquilino del túnel". Junto con otros ocupantes ilegales que a veces se llamaban a sí mismos "los topos", John vivía en el túnel abandonado del ferrocarril en la ciudad de Nueva York. Cuando la compañía Amtrak compró el túnel y se dispuso a volverlo a emplear, John se vio obligado a buscar un lugar donde vivir en la superficie.
Según el diario The New York Times, el señor Kovacs vino a ser la primera persona escogida para un nuevo programa dispuesto  "para trasformar a vagabundos en hacendados". Después de haber pasado un tercio de su vida en un túnel de ferrocarril, dejó su existencia subterránea para dedicarse a trabajar en una granja orgánica en la zona norte del estado de Nueva York. Se citan sus palabras: "El aire será mejor allá. No voy a echar nada en falta. No voy a volver". Si pudiésemos vernos como nos ve nuestro Señor, nos daríamos cuenta de que cada hijo de Dios ha tenido una experiencia similar. También hemos sido escogidos para dejar una existencia oscura y sucia para recibir la dignidad
de una nueva vida y obra. Si tan sólo viéramos nuestra antigua vida con la claridad de visión de John Kovacs, también nosotros sabríamos que no hay nada de bueno en la oscuridad, y no querríamos volver.
Señor, ayúdanos a recordar cómo éramos cuando nos encontraste. Perdónanos por querer a veces volver de nuevo al túnel.

PENSAMIENTO: Los hijos de la luz no estarán cómodos en las tinieblas.   
 

Colaboración de: Claudia Cornejo, Van Nuys, California, USA

 

Dios está escuchando 
 

Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he, aquí, oh JEHOVÁ, tú la sabes toda.(salmo 139:4) 
 

Cuando el teólogo escocés John Baillie enseñaba en la Universidad de Edimburgo, hizo práctica suya comenzar su curso acerca de la doctrina de Dios con estas palabras: "Debemos recordar, al hablar de Dios, que no podemos hablar de ÉL sin que Él oiga cada palabra que decimos. Podemos hablar de otros a espaldas de él, pero Dios está en todas partes, incluso en esta estancia. Por ello, en todas nuestras discusiones debemos estar conscientes de SU infinita presencia, y hablar de ÉL, por así decirlo, delante de ÉL"

El conocimiento de que el Señor está en todas partes debería tener un enorme impacto en lo que decimos. David, pensando acerca del Dios siempre presente, declaró: “Aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda“ (Salmo 139:4) 

Las mentiras, la maledicencia, las observaciones bruscas, los comentarios subidos de tono, las palabras coléricas, el habla irreverente, y el uso irrespetuoso del nombre del Señor, son cosas que nunca deberían salir de nuestros labios. No, sino que deberíamos sólo decir aquellas cosas que Dios aprueba. Nuestro deseo debería ser el expresado por David en el Salmo 19: “Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová, roca mía, y redentor mío“ ( v. 14) 

Recuerda, Dios está escuchando. 

Pensamiento: Cada palabra que digamos en la tierra es registrada en el cielo.  

Colaboración de: Stibali Oliva, North Hollywood, California, USA

 

Cementado 

Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se separará de él.(Proverbios 22:6) 
 

Una madre joven en Kansas hizo una singular petición a un obrero que estaba alisando el cemento acabado de echar para una nueva acera. Le pidió si podía dejar las huellas de su bebé en el cemento. Cuando el hombre le dijo que sí, ella sostuvo al pequeño sobre el blando cemento, y dirigió los pies hacia una iglesia cercana. Aunque no sabemos qué es lo que impulsó a la madre a hacer esto, aparentemente quería dejar una impresión permanente que influenciara la futura dirección de la vida de su hijito.

Esta singular expresión de preocupación y entrega debería reflejar el deseo de todos lo padres cristianos para el bien espiritual de sus hijos. Debemos poner a nuestros pequeños en el camino recto, y reconocer la importancia de la iglesia en sus vidas. La instrucción espiritual de nuestros hijos tiene que comenzar a una edad temprana.

Tenemos la responsabilidad de alentarles para que reciban al Señor Jesucristo como su Salvador tan pronto como tienen la edad de comprender el significado de la salvación. Si lo hacemos, cultivaremos en ellos respeto hacia la iglesia e inculcaremos en ellos el amor a Dios y a Su Palabra.

Con nuestra enseñanza, nuestro ejemplo y nuestras oraciones, cerciorémonos de que ponemos los pies de nuestros hijos en la dirección correcta. 
 

Pensamiento: Nuestros hijos pueden ser descaminados si no les iniciamos por el buen camino.  

Colaboración de: Stibali Oliva, North Hollywood, California, USA

 

¡Sigue el Libro! 

Entonces no sería yo avergonzado, cuando atendiese a todos sus mandamientos. (Salmo 119:6) 

¿Sabías que la mitad de los libros de la Biblia se pueden leer en menos de 45 minutos cada uno, y que muchos de ellos incluso en menos de 20? Se ha demostrado que se puede leer todo el Antiguo y Nuevo Testamento en menos de 71 horas. ¡He oído de una mujer que se ha leído los 66 libros de la Biblia 143 veces! A los 85 años seguía meditando en sus preceptos, leyendo las Escrituras de principio a fin, al menos cuatro veces al año. Con este ejemplo ante nosotros, piensa en esto: ¿Cuánto tiempo te pasas leyendo reflexivamente la Palabra de Dios?

Una mujer que había comprado una máquina de coser volvió a la tienda para quejarse de que no funcionaba bien. Después de una breve conversación, la vendedora empezó a comprender su problema, y le preguntó: “Oiga, se ha leído usted acaso el libro de instrucciones, para ver qué es lo que dice que hay que hacer?” Confundida, reconoció que no lo había leído, y dijo que seguiría las instrucciones. Un tiempo después, cuando la vendedora le preguntó cómo estaba funcionando la máquina, la mujer le contestó: “¡Bien! En lugar de ir improvisando por mi cuenta, empecé a seguir el libro. ¡Ahora todo va bien!”

Muchos cristianos se encuentran con problemas en sus vidas por la misma causa que llevó a esta mujer a encontrarse con dificultades con su máquina de coser: ¡No siguen el Libro! Un creyente que quiera complacer a Dios buscará la luz en Su Palabra. La estudiará cuidadosamente, meditará en sus principios y dará oído a sus consejos. Y al seguir sus instrucciones, podrá evitar tropiezos y tendrá asegurada la bendición.

¡No vayas a tientas!  ¡Sigue el Libro! 
 

Pensamiento: Aplícate totalmente a las Escrituras, y aplica las Escrituras totalmente a ti mismo.  

Colaboración de: Stibali Oliva, North Hollywood, California, USA

 

Nunca solo 

El dijo: No te desampararé, ni te dejaré. ( Hebreos 13:15 ) 
 

Los que conocemos al Señor Jesucristo como nuestro Salvador personal tenemos la confortante certidumbre de que El está con nosotros y que nunca nos dejará. En su libro Strength for Each Day, (Fuerzas para cada día) Harry McCormick Lintz habla acerca de un pequeño grupo de cristianos que se veían obligados a adorar en secreto debido a la amenaza de persecución. Una tarde, su reunión se vio interrumpida por la policía secreta. Cuando el oficial que estaba al mando ordenó a sus hombres que contaran a los asistentes, vieron que habían treinta. Al oír este número, un anciano cristiano habló y dijo: “Señor, se ha cometido un error. Han dejado de contar uno.” De mala gana, el oficial ordenó que se volviera a hacer la cuenta del grupo. Como antes, había treinta. Cuando oyó el resultado de la segunda cuenta, el oficial anunció gruñendo: “Sólo hay treinta de los vuestros, miserables cristianos, y no más” El viejo creyente respondió: “¡Sí, pero hay otra persona aquí, que no han contado, y es nuestro Señor Jesucristo!”

En el caso de los tres jóvenes en el horno ardiente de Nabucodonosor, la presencia de Dios tomó forma visible. Pero nuestra confianza no tiene por qué ser menor que la de ellos, ni que la de estos treinta creyentes. Sea donde sea que vayamos, o lo que hagamos, por difíciles que sean las circunstancias o presiones que suframos, sabemos que nuestro Salvador está con nosotros. El nunca nos dejará ni nos desamparará. Cuando estemos dolidos, El estará a nuestro lado para sostenernos. Y cuando estemos afrontando pruebas, El estará cerca para fortalecernos.

Sí, nuestro Señor está siempre con nosotros. Nunca estamos solos! 

 Pensamiento: El cristiano encuentra su seguridad no en la ausencia de peligros, sino en la presencia de Dios. 
 

Colaboración de: Stibali Oliva, North Hollywood, California, USA

 

El dedicado zapatero 
 

Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres. (Col. 3:23) 
 

Toda tarea que hagamos la debiéramos hacer, como cristianos, con una dedicación cordial, porque Dios nunca se ve satisfecho con un esfuerzo a medias.

H. A. Ironside aprendió esto en una época temprana de su vida, trabajando para un zapatero cristiano. El trabajo del joven Harry era preparar el cuero para los zapatos. Cortaba un trozo de cuero de vaca, lo mojaba en agua, y después lo preparaba a martillazos con un martillo de cabeza plana hasta que estaba duro y seco. Este era un procedimiento fatigoso, y deseaba poder evitarlo. Harry iba frecuentemente a otro zapatero cercano para ver al competidor de su patrón. Este hombre no martilleaba el cuero al sacarlo del agua. En lugar de ello, lo clavaba inmediatamente en el zapato que estaba haciendo. Un día, Harry le preguntó a este zapatero: “¿Veo que pone las suelas cuando están aún mojadas. Es que son igual de buenas que si estuvieran martilleadas?”

Con un guiño y una sonrisa cínica, el hombre le contestó: “ ¡No, pero de esta manera se hace mucho más deprisa, chico!”

El joven Harry fue rápidamente a su jefe y le sugirió que quizás estaban perdiendo el tiempo secando tan cuidadosamente la piel. Al oír esto, su patrón sacó su Biblia, leyó Colosenses 3:23 y dijo: “Harry, no hago los zapatos sólo por el dinero. Los estoy haciendo para gloria de Dios. Si en el tribunal de Cristo tuviera que ver todos los zapatos que he hecho, no quiero que el Señor me tenga que decir: “Dan, éste fue un mal trabajo. No lo hiciste lo mejor que podías.” ¡Quiero ver Su sonrisa oír: “¡Bien hecho, siervo bueno y fiel!” ¡Esta fue una lección de ética cristiana práctica que Ironside nunca olvidó! 

 Pensamiento: A los ojos de Dios, hacer bien una cosa pequeña es algo verdaderamente grande.
 

Colaboración de: Stibali Oliva, North Hollywood, California, USA

 

¡Olvídate del nombre! 


 
Y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo. (Mateo 20:27) 
 

Una persona verdaderamente humilde deseará hacer cosas por los demás sin llamar la atención sobre sí misma ni sobre sus actos. Jean Frederic Oberlin, un célebre ministro luterano durante la Alemania del siglo XVIII, se encontró con una persona que tenía un corazón de siervo. Era invierno, y Oberlin estaba viajando a pie cuando se desencadenó una intensa tormenta de nieve. Pronto se extravió debido a la falta de visibilidad, y temió que iba a morir helado. En aquel momento, un hombre que pasaba en un carruaje vio a Oberlin, y lo rescató. Llevó al ministro al pueblo próximo y se preocupó de que se le dieran los cuidados necesarios. Cuando el hombre se preparaba para irse, Oberlin le dijo: “Dígame su nombre a fin de que al menos pueda recordarlo ante Dios en gratitud.” El hombre, que por entonces ya había reconocido a Oberlin, contestó: “Usted es un ministro. Dígame, por favor, cómo se llamaba el buen samaritano.” Oberlin le dijo: “No puedo, porque no aparece en las Escrituras.” A esto le contestó su benefactor: “Hasta que usted no me pueda decir su nombre, permita que me reserve el mío.”

Esta es una genuina humildad, como la actitud del mismo Jesús. Nuestro Señor merecía la alabanza de los hombres más que ninguna otra persona que jamás haya vivido. Pero El “no vino para ser servido, sino para servir” (Mt. 20:28). Si algo de esta misma cualidad marca nuestro servicio, no nos importará el ser recordados o no. No nos importará que las personas olviden nuestro nombre, en tanto que no olviden el nombre de Jesús. 

 Pensamiento: Cuando nos olvidamos de nosotros mismos, por lo general empezamos a hacer cosas que los otros recordarán. 


Google
Web Busca en nuestra página
 

 

Devocionales

                     Sección 13

  En esta sección te presentamos varias lecturas devocionales

  ¡Sigue alabando al Señor...!
 
Si quieres de verdad...
 
La mejor manera de...
 
Hay ciertas cosas que...
 
El inquilino del túnel
  Dios está escuchando
  Cementado
  ¡Sigue el Libro!
  Nunca solo
 
Dedicado zapatero  
  ¡Olvídate del nombre!

                     Nota

Estas lecturas te  invitarán  a la meditación y reflexión.

Si tienes lecturas devocionales, envíalas a través de nuestro correo electrónico. Prometemos publicarlas y darte el crédito correspondiente. 

::  Portada   ::      ::   Anterior   ::      ::   Subir    ::      ::   Siguiente    ::

                                            Copyright © Unidos en Cristo. All rights reserved. - Contáctenos si desea usar algún material de nuestro sitio web