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Una Lección de las Aves

En vano se tenderá la red ante los ojos de toda ave. (Proverbios 1:7-19)

Las aves muestran a veces más sentido común que la gente. Cuando Salomón  escribió: "En vano se tenderá la red ante los ojos de toda ave", se estaba refiriendo a los malvados, que pueden ser más  insensatos que las aves del cielo. Las aves son suficientemente listas para huir ven una red extendida para cazarlas, pero las personas a menudo se lanzan de cabeza en las trampas de Satanás.

Un granjero se enteró de que algunos grajos estaban arrebatándole  el maíz. Salió entonces y tendió hilo de palomar  a unos dos metros del suelo entre los árboles que rodeaban el área donde  había plantado su cosecha. Pensaba que las negras aves  ladronas estaban probablemente vigilándole y  que se alarmarían. Y tenía razón. Dejaron de comer su grano. No querían arriesgarse a ser capturadas.

¡Qué extraño que nosotros seamos menos cautos! Incluso cuando reconocemos  una tentación peligrosa como tal , nos permitimos pecados que parecen  atrayentes, pensando que no importa , o que no seremos atrapados .

Quizá has pensado en hacer algún robo pequeño . Quizá te has sentido tentado a mentir en una prueba o a mentir a tu jefe. Puede que  incluso estés pensando en ser infiel a tu cónyuge. ¡Cuidado! No cedas a estas malvadas tentaciones. El diablo te está tendiendo un lazo. Aprende la lección de las aves.

PENSAMIENTO: Un hombre sabio huye de la tentación, y no le deja  la nueva dirección. 

 

El Apoyo de los pinos gigantes

Sin embargo, bien hicisteis en participar conmigo en mi tribulación. (Filipenses 4:14)

A veces los vientos de la tribulación nos golpean hasta el punto de abatirnos. Solos, podríamos caer. Pero si recibimos el apoyo de nuestros hermanos y hermanas en Cristo, tendremos la fortaleza que necesitamos para mantenernos en pie.

Ernie Harwall, que fue durante mucho tiempo locutor de radio para los partidos de béisbol de los "Tigers" de Detroit, y ferviente creyente en Jesucristo, ilustró esto en un artículo en el diario Detroit Free Press. Escribió: "Un Novato de los "Tigers" me enseñó algo acerca de dar ayuda durante la última temporada de béisbol.  Los "Tigers" trajeron a Rich Roland, procedente de su equipo rural en Toledo. Al entrevistarle, supe que era un maderero, o, él lo llama, un talador de árboles. Trabajaba en las plantaciones de pinos gigantes de California. Me contó que aquellos gigantescos pinos Redwood tienen unas raíces muy poco hondas ¿Cómo pueden ser tan fuertes y tener raíces poco hondas?”, pregunté. Mira Ernie, me dijo él, estos árboles están unidos los unos a los otros mediante sus raíces.  Las raíces de un árbol llegan a las raíces de los otros árboles, y forman una red de soporte.”

Los cristianos tienen que ayudarse entre sí en tiempos de tensión.  En la escritura para hoy Pablo expresó su gratitud por la forma en que los creyentes en Filipos se mantuvieron a su lado en tiempos de necesidad.  Es indudable que Dios empleó su apoyo para alentar y fortalecer al apóstol.

¡Démosnos unos a otros el apoyo de los pinos gigantes!

PENSAMIENTO:  Los cristianos arraigados juntamente en Dios no son fácilmente desarraigados. 

Colaboración de: Aaron Sánchez, Burbank, California, USA

 

Sigue obedeciendo

Que avives el fuego del don que esta en ti …No te avergüences. (2 Timoteo  1:6,8)

Durante varios años tras su conversión, la señora Hanover  había estado orando fervientemente por la salvación de su  marido. Luego, él murió en un accidente de tráfico. Ella pensó que Dios no había dado respuesta a sus oraciones, por lo que quedó desilusionada con Dios, y dejó de vivir para Él.

Cinco años después, conoció a un hombre llamado Roger Simms, que le contó una asombrosa historia. El día que el  señor Hanover murió, estaba esperando el autobús en una parada de autobús, el señor Hanover, me vio, paró y ofreció llevarme. Yo le testifiqué acerca de Cristo, el señor Hanover se sintió tan redargüido que salió de la carretera, lloró y oró para recibir a Jesús como su Salvador. Oyendo esto, la señora Hanover lloró de gozo porque su marido había sido salvado, pero tenía dolor porque ella había dejado de obedecer a Dios y había cedido al desaliento. Timoteo también estaba inclinado a sentirse desalentado. Puede haberse tratado de la oposición de los falsos maestros, o quizá sus propios problemas de salud le estaban abatiendo (1Tim. 5:23). Pablo no le reprendió, ni tampoco le dijo simplemente: “¡Aliéntate!” en lugar de esto, le apremió a “avivar” su don, y a ocuparse en lo que debía de estar haciendo.

Todos nos enfrentamos a circunstancias desalentadoras que podrían llevarnos a la desilusión. No importa lo que suceda: Sigamos obedeciendo al Senor.

PENSAMIENTO: Cuando entres en un túnel de desaliento, la obediencia te llevará al final.

Colaboración de: Aaron Sánchez, Burbank, California, USA

 

Instrucción y revista

Daniel se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias... como lo solía hacer antes. (Daniel  6:10) 

Un soldado fue acusado de comunicarse con el enemigo.  Había sido visto emergiendo de un área donde se sabía que patrullaban tropas enemigas.  Cuando el hombre fue llevado ante el comandante de las fuerzas, se defendió diciendo que se había apartado para pasar una hora a solas en oración.  "¿Es esto algo que usted suele hacer?”, le preguntó el oficial.  “Sí, señor,”  contestó él.  “Entonces, nunca en su vida ha necesitado más .la oración que ahora.  Arrodíllese y ore en voz alta, para que todos podamos oírle.”

Esperando la muerte en el acto, el soldado se arrodilló y derramó su corazón a Dios. Su facilidad de palabra, su humilde demanda de la ayuda de Dios, y su confianza en Aquel que podía liberarle, demostraron que había pasado mucho tiempo en oración.  “Puede irse”, le dijo el oficial. "Nadie habría podido orar de esta manera sin un largo aprendizaje.  Los chicos que nunca han hecho instrucción siempre muestran su poca práctica cuando se pasa revista.”

Cuando el rey Darío proclamo su edicto de que todos sus súbditos sólo debían adorarle a él, Daniel no se dejó llevar por el pánico. Se fue a su casa, abrió sus ventanas hacia Jerusalén, y levantó sus peticiones al Dios de Israel.  Hizo sencillamente lo que siempre había estado haciendo.

Que el lenguaje de la oración sea tan natural que fluya libre de nuestros corazones en toda ocasión.

PENSAMIENTO:  La oración debería ser tan natural como la respiración.

Colaboración de: Dina Sánchez, Burbank, California, USA

 

Compartiendo la carga

El trabajo es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tu sólo. Éxodo 18:18.

En un concurso de fuerza de caballos en una feria de condado el caballo que ganó el primer lugar movió un trineo que pesaba 2.041 kilos.  El  caballo que ganó el segundo lugar movió 1.814 kilos.  El dueño de  los dos caballos se preguntó cuanto podrían mover los animales si trabajasen juntos y cargaron el trineo.  Así que los ataron juntos y cargaron el trineo.  Para sorpresa de todos, los caballos pudieron mover 5.443 kilos.

A veces en la obra del Señor tratamos de llevar el peso de un trabajo solos.  Sin embargo, cuando formamos equipo con otros,  trabajamos con más eficiencia y podemos producir mucho más.

Eso fue lo que sucedió con Moisés cuando los israelitas iban a él para que solucionase sus disputas.  Al principio trabajaba solo.  Sus juicios eran efectivos, pero su método era ineficiente.  Su suegro, que se dio cuenta de que Moisés se agotaría pronto, le aconsejó que manejase únicamente los casos difíciles y dejase que otros líderes resolvieran los más fáciles.  Moisés siguió su consejo.  Su eficiencia aumentó y se logró muchísimo más.

Puede que pensemos que podemos llevar una pesada carga de trabajo para el Señor.  Pero si somos sabios, reconoceremos nuestras limitaciones.  El compartir nuestros esfuerzos no sólo aliviará nuestra carga sino que también multiplicará el trabajo que se realiza.

Pensamiento: El trabajo en equipo divide el esfuerzo y  multiplica el efecto.   

Colaboración de: Dina Sánchez, Burbank, California, USA

 

Guiado día y noche

No temeré mal alguno, porque tu estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento.  (Salmo 23:4)

El escritor  H. W. McLaughlin  cuenta que visitó Israel y conversó con un viejo pastor.  Pensando en el Salmo 23, McLaughlin le preguntó al pastor como usaba el su cayado para consolar y guiar a las ovejas.

El anciano dijo que durante el día, siempre lleva el cayado atravesado sobre los hombros  de manera que las ovejas puedan verlo.  De alguna manera  eso las tranquiliza y les asegura la presencia y protección del pastor.  Luego explicó que si les sorprende la oscuridad  antes de que haya podido llevar al rebaño a un lugar de descanso seguro para pasar la noche, o si quedasen atrapados en medio de la niebla y las ovejas no pudiesen ver el cayado, camina despacio al tiempo que golpea el suelo con el cayado.  Aunque las ovejas no pueden ver el cayado, si pueden oír los golpes, y por tanto siguen la dirección del sonido, conscientes de que  su pastor va delante de ellas.

La palabra inspirada de Dios es para el cristiano lo que el cayado es para aquellas ovejas; es decir, le asegura la presencia, protección y provisión de Dios día y noche. A veces vemos su guía muy claramente en las Escrituras.  Sin embargo, otras veces hemos de escuchar con especial atención al Espíritu de Dios cuando nos habla a través de las Escrituras.  El Espíritu de Dios nos dará la seguridad de que nuestro pastor, aunque  no podamos verlo, siempre está con nosotros.

Pensamiento: No necesitas saber a donde vas cuando sabes que quien te guía es Dios. 

Colaboración de: Dina Sánchez, Burbank, California, USA

 

El Mayor pecado

¿Has visto hombre sabio en su propia opinión? Más esperanza hay del necio que de él.  (Proverbios 26: 12)

Hace trece años dos congresistas de los Estados Unidos fueron disciplinados por conducta inmoral por la cámara de representantes. El primero un conservador que era conocido por su postura en contra del aborto bajo demanda y contra de la pornografía, confesó con lágrimas su mala actuación y votó junto con sus propios compañeros en favor de su propia censura. Pero muchos periodista siguieron criticándolo acerbamente. Se centraron en su anterior hipocresía. Rehusando alabarlo por arrepentirse y por apartase de su inmoralidad. El Segundo político era un liberal que apoyaba abiertamente el aborto y la pornografía. Mantuvo desafiantemente que no había hecho nada malo. E incluso llegó a confesar que ara homosexual. Muchos periodistas que condenaban al primero fueron mucho menos críticos acerca de este segundo. Pare que se sentían más cómodos con una actitud abierta y endurecida de inmoralidad que ante un arrepentimiento abierto y genuino del pecado.

Este incidente señala con claridad el mayor pecado del hombre. No es la hipocresía, ni tampoco la inmoralidad expresa. Por muy terrible que ello sea. Lo peor de todo es rehusar reconocer nuestras propias transgresiones. Sean ellas cuales fueran. El Señor Jesús buscaba para salvación a las personas más despreciadas de Su época, a los publicanos y a las prostitutas, y las perdonaba cuando se arrepentían. Pero condenó a las personas que se pretendían Justas y resistió a todos los que no querían reconocer su pecado. ¡El rechazo a reconocer el pecado es un billete seguro al infierno!  

No importa lo que hayas hecho, puedes ser perdonado. Pero tienes que arrepentirte y volverte a Jesús. La insistencia en no tener necesidad de Su perdón es el mayor pecado de la vida

Pensamiento: La confesión del pecado es el terreno en el que florece el perdón.   

Colaboración de: César Gónzalez, Sun Valley, California, USA

 

¿Me escúchas?

No juzguéis, y no seréis juzgados. Lucas 6:37 

Un hombre tenía problemas de comunicación con su esposa y concluyó que ella se estaba poniendo sorda. Así, el decidió hacer una prueba sin que ella lo supiese.

Una noche se sentó en una silla en la parte mas alejada de ella en la habitación. Su esposa estaba de espaldas a él y no podía verlo. Muy quedamente él susurró: “¿Me escúchas?” No hubo respuesta.

Se acercó un poco a ella y preguntó otra vez: “¿Me escúchas ahora?” tampoco tuvo respuesta.

Calladamente se acercó aun más y susurró las mismas palabras, pero seguía sin obtener respuesta.

Por último se colocó justo detrás de la silla de su esposa y le dijo: “¿Y ahora, me escúchas?” Para su sorpresa y disgusto, ella respondió irritada: “¡Por cuarta vez, si te escucho!” ¡Que advertencia tan Buena para nosotros acerca de juzgar a otros!

La mayoría de nosotros criticamos a los demás para ocultar las mismas faltas que tenemos en nuestras vidas. También tendemos a encontrar faltas en otras personas cuando en realidad somos nosotros los que estamos equivocados, no la otra persona.

Jesús conocía bien la naturaleza humana. Es por eso que dijo : “No juzguéis, y no seréis juzgado.”

Pensamiento: Si estas buscando faltas que corregir, mírate al espejo.

Colabración de: Nancy Jaco, Sylmar, California, USA

 

Acepta la responsabilidad

...Contra Jehová hemos pecado... 1 Samuel 7:6.

Velma Barfield estaba bajo la influencia de fármacos cuando envenenó a cuatro personas.  Mientras se hallaba en prisión condenada a la pena de muerte, aceptó a Cristo como Salvador y Señor.  Por primera vez en su vida, Velma se vio a sí misma como una persona que tenía valor para Dios.

Aunque pudo haber dicho que sus medicamentos fueron la causa de sus acciones, Velma asumió la responsabilidad de lo que hizo.  En su Biblia escribió: <<Hoy día se le han puesto muchos nombres sofisticados al pecado, pero es hora de que abordemos nuestros problemas y llamemos al pecado por su nombre: PECADO.>>

El confesar los pecados como tales nos coloca frente a frente a la realidad.  Y es ahí donde encontramos a un Dios amante y a un Salvador redentor que nos perdona y renueva la esperanza en nosotros.

Para encontrar soluciones a sus problemas, muchas personas acuden a los consejeros cristianos. Y siempre que ellos nos ayuden a descubrir nuestras motivaciones egoístas y a aceptar la responsabilidad de nuestras acciones, son agentes del Espíritu Santo, el Único que nos muestra la verdad acerca de nosotros.

En algún momento, todos debemos admitir, como lo hicieron los israelitas:  <<Contra Jehová hemos pecado.>> La confesión puede que no elimine las consecuencias de las malas acciones, pero es el primer paso a la integridad.

Pensamiento:  Cuando haces algo malo, ¿De quién es la culpa?

Colaboración de: Dina Sánchez, Burbank, California, USA

 

¡Cristo libera a los presos!

Así que, si el hijo os libertare, seréis verdaderamente libres. Juan 8:36.

La maravillosa oferta de salvación de Dios es para todos, incluyendo a los presos.  Muchas personas han hallado libertad espiritual detrás de las rejas.

En la cena anual de un ministerio carcelario en Michigan, el capellán presentó a dos invitados especiales: ex-prisioneros que habían encontrado libertad en Cristo.  La primera era una respetable mujer de edad media, cuya casa había sido convertida en una casa de drogas por unos mal llamados amigos.  Arrestada luego de una redada, la mujer se sentía humillada... hasta que el capellán la condujo a Cristo.  Este fue su testimonio: <<Es por Cristo que ahora no estoy avergonzada. Él me salvó y me perdonó.>>

Luego, un joven se levantó lentamente para hablar. <<¿Conocen esa clase de tipos de quienes los padres les dicen a sus hijos que se alejen?  Yo era uno de esos.  He violado todas las leyes.  Siempre estaba borracho.  Siempre estaba en la cárcel.  Aun cuando estaba libre era un prisionero: un prisionero de mí mismo.  Entonces mi primo recibió a Cristo mientras estaba en la cárcel.  Me invitó a ir a la iglesia con él.  ¡Yo, en la iglesia!  Escuché el mensaje del amor de Cristo y creí.  Ahora soy libre, no sólo de noches en la cárcel sino también de mí mismo.>>

¿Y tú?  ¿Estás en la cárcel?  Tal vez eres prisionero del pecado y de sentimientos de culpa.  Deposita tu confianza en Cristo. ¡El libera a los presos! 

Pensamiento:  Nuestra mayor libertad es la libertad del pecado.

Colaboración de: Dina Sánchez, Burbank, California, USA

 

No soy perfecto

Por lo demás hermanos... perfeccionaos... Y el Dios de paz y de amor estará con vosotros. 2 Corintios 13:11. 

El músico Ken Medema nació ciego, pero sus padres decidieron tratarlo como a un niño normal.  Le enseñaron a jugar juegos, a  montar bicicleta y a esquiar en el agua.  Con eso no estaban negando su condición; estaban afirmando su valor como persona.  Al crecer con esa clase de amor, Ken desarrolló una integridad interior que le hizo casi olvidar su impedimento.

Un día en el campus tropezó accidentalmente con otro estudiante ciego que le dijo:  <<¡Eh, cuidado! ¿No ves que soy ciego?>> En lugar de nombrar su propia incapacidad, Ken le pidió disculpas.  <<Perdón -le dijo.  No te vi.>>

Como cristianos, nosotros también tropezamos con situaciones en las cuales se revelan nuestras debilidades.  Sin embargo, contrario a lo que hizo  Ken, muchas veces reaccionamos con inmadurez y utilizamos nuestras debilidades como excusas.  <<Después de todo, no soy perfecto>> es lo que argumentamos.

Los creyentes corintios todavía tenían que crecer mucho (1 Corintios 1:13; 3:1).  Por lo tanto, cuando Pablo se despedía en la segunda carta que les escribió les dijo:  <<Perfeccionaos.>> Usó una palabra que también significa <<ajustar, enmendar, reparar.>>  Es nuestra responsabilidad hacer los ajustes necesarios.

La parte de  Dios es seguir afirmando su amor por nosotros independientemente de nuestra tendencia a pecar.  Y Él hace eso, pues Pablo nos asegura que el <<Dios de amor>>  estará con nosotros.

Pensamiento: Para cobrar fortaleza espiritual debemos admitir muestras debilidades.

Colaboración de: Dina Sánchez, Burbank, California, USA.


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Devocionales

                     Sección 12

  En esta sección te presentamos varias lecturas devocionales

  Una lección de las...
  Apoyo de los pinos
  Sigue obedeciendo  
  Instrucción y revista
  Compartiendo la carga
  Guiado día y noche
  El mayor pecado
  ¿Me escúchas? 
  Acepta la ...
  Cristo libera a los...
  No soy perfecto

                     Nota

Estas lecturas te  invitarán  a la meditación y reflexión.

Si tienes lecturas devocionales, envíalas a través de nuestro correo electrónico. Prometemos publicarlas y darte el crédito correspondiente. 

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